
En un lugar de Málaga, a 6 km de la playa, hay un 'pueblecito' llamado Cajíz. Lugar pintoresco y tranquilo, rodeado de montañas, donde el olor a algarroba impregna el ambiente. Casas blancas, 'cajellejuelas' en cuesta. Su iglesia es la joya de la corona, aunque discreta.
Lugar de ensueño, que trae a la mente el recuerdo de la casa de los abuelos y las sensaciones que ellos inspiraban: tranquilidad, seguridad, estabilidad.
Atributos 'todos' que invitan a echar raíces, pero que la realidad se encarga de cortar. Las tecnologías están reñidas con este pueblecito. Los móviles no tienen cobertura y no llega el ADSL.
Estos son problemas 'gravísimos' en los tiempos que corren, para los individuos educados en la ciberrealidad o la cibercomunicación. La ansiedad crece por momentos. La sensación de estar incomunicados: que nadie nos puede localizar, no poder mirar nuestro correo, no navegar por la red. No sentirnos libres virtualmente. Desde esta pequeña pizarra reivindico mi derecho a conectarme. Ejerzo mi derecho a la 'pataleta'.
Entre tanto, para superar los síntomas de 'agobio' me iré a dar un paseo. Si me quieres localizar pregunta por mí en la plaza.
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