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3 ene 2016

Reflexión: Domingo antes de Reyes. Navidades tramo III

Hola mis queridos lector@s:

Hoy debería escribir la carta a los Reyes Magos. Ya somos mayorcitos pero la ilusión de pensar que alguien puede traerte aquello que deseas es bonita. No lo voy a negar. Desde luego, que ya no voy a pedir la Nancy o la Barbie y sus complementos. Pero, sí tener un trabajo con un sueldo digno que me permita conciliar la vida familiar, y sobre todo salud. Del amor no digo nada, porque no imagino a los Reyes tirando del hilo rojo del destino, como en la leyenda japonesa, para que se desenrede y aparezca de una 'jodía' vez ya el susodicho. Y no me conforme con 'patanes' que seguro que piensan lo mismo que yo de ellos.

El trabajo, sigamos, siempre me he comparado con el soldado perfecto. He aguantado y aguanto horarios interminables, aguanto el trato del cliente caprichoso, maleducado y hasta mentiroso. Pero, como soldado de cualquier guerra, si el que manda no es coherente, mal andamos. Tengo una conversación pendiente con el alto mando. O simplemente, esperaré a que me den el tiro de gracia y a seguir buscando.

Queridos Reyes Magos, trabajo con la ilusión de una niña jugando a ganarse el sustento, pero éste huye como alma que se lo lleva el diablo... ¿Quizás deba cambiar de profesión? Muchos amigos me dicen que escriba la novela que me saque del anonimato. Gracias a los que tienen fe en mí. Pero, no me siento con una novela en mi interior. Sin ir más lejos, ayer me dijeron que tenía que mejorar mi prosa, "porque parecía que escribía 'fumá'". Al muchacho, le contesté que no tengo vicios ninguno, pero que aunque así fuera Edgar Allan Poe escribía borracho. 

Uf, amigos, casi lo bloqueo del wassap al hombre éste... Siendo humildes, hay que aceptar las críticas e intentar mejorar. Si bien es cierto, que últimamente no leo, y eso puede que repercuta en el estilo, temática, o faltas de ortografía. Pero tengo otras fuentes: conozco a mucha gente durante el día, su físico, su historia, la decoración de su casa y sus fantasmas. El aprender a leer entre líneas o entre mentiras. Estoy en un aprendizaje, que quizás más adelante le pueda sacar partido.

Ahora vivir me consume mucha energía. Y sinceramente, las reflexiones en este blog, son mi refugio, mis vacaciones, mi ágora...¿Qué vas a pedir tú a los Reyes Magos?


22 dic 2015

Minireflexiones: 'Er puticlub'



Cuando estudiaba Periodismo en la Universidad en una de las asignaturas un profesor soltó la frase de: "Por favor, no le digas a mi madre que soy periodista. Dile que soy el pianista del puticlub". ¡Ostras!- pensé yo. ¿Así de mal está el patio? La autoestima por los suelos. Sobre todo cuando a lo único que aspiras es a pisar un estudio y desarrollarte en aquello que sientes como vocación. Y cuando llegas lo que te dicen que gratis lo que tú quieras. Siempre viene bien para el currículum.

Hay 'muuuchas' otras profesiones denostadas. Hasta hace poco trabajar en hostelería era sinónimo de 'putiferio'. Todavía recuerdo mi época de camarera que mi padre me esperaba en la puerta para que lo dejara, que no le hacía gracia que alternara con los clientes. ¡Oiga que yo solo pongo cafés y bocadillos! Y el colmo de los colmos fue cuando le dije que iba a hacer un extra en un pub durante un puente de la Constitución.

¡El pobre! Los disgustos que le dí después de los veinte. Menos mal que nunca se enteró que hice de gogó en una discoteca. ¡Chitón! Que todavía me regañaría casi 20 años después si se entera. La hostelería ahora es profesión digna y hasta casi elitista. Cosa de la que me alegro, ciertamente. La calidad de nuestra cocina y sus profesionales han dignificado un rol que parecía reducido al recetario de la abuela, o las pequeñas tascas, cutres pero con buena mano.

La construcción era profesión marginal hasta que llegó la burbuja inmobiliaria y ya hasta los titulados cogían el martillo y el escoplo, o cargaban sacos de cemento a la espalda. Como esclavos faraónicos pero con una nómina capaz de meterse en hipotecas de chalets y coches de marcas de renombre.

Hay  más, muchas más profesiones...Yo llevo de comercial en la calle casi dos años y no es que esté mal mirado exactamente. Pero, para poder trabajar hay que ir barriendo los destrozos de las malas prácticas de otros.Y... que más puedo decir. Los que me leéis con regularidad sabéis que me encanta el trato con la gente. Que cada cliente es un maestro/a para mí. De hecho hoy mis compañeros me veían demasiado sonriente, y me preguntaron que si esa alegría era por dar el campanazo. Pues, no. Mal para mí, pero bien para mí, porque tengo ilusión de volver mañana a intentarlo de nuevo, sin que sea un sufrimiento. 

Bueno gente, cuídense y ánimo a los que trabajan, y a los que no tengan trabajo que no tengan miedo del reciclaje. AGUR!!!

12 feb 2010

INSTANTÁNEAS: De profesión Juntaletras


Muchas veces me he planteado: ¿porqué escribir?, ¿porqué he sentido siempre que cualquier historia es novelable?. A veces me río recordando que de pequeña cuando mi madre me regañaba y me iba al colegio con la amenaza de que a la vuelta "ya hablaríamos", solía pensar que no pasaba nada que ese capítulo era necesario para mi biografía, sino la historia de mi vida sería aburrida y plana.

En otras ocasiones mientras trabajaba de freganchina en el piscolabis del pueblo, ahí callada entre platos y cubiertos, aparentemente con la mirada perdida en el infinito, escuchaba las historias de los clientes. Ay, como disfrutaba escuchando y pensando que era material buenísimo para empezar algún texto, amor-desamor, odio-envidias, tristezas-alegrías, éxitos-fracasos.

Muchas veces he ido conduciendo y mientras sonaba la música, miles de historias bullen en mi cabeza, una frase ingeniosa surge de la nada, el eco de diálogos enteros reverberan desde el fondo del abismo. Incluso tengo muchas veces que obligarme a centrarme en lo que hago porque los últimos dos o tres kilómetros del trayecto solo veía los pasajes escritos en vez del negro asfalto.

Así que por todo lo dicho y porque siento en mi interior, el pestilente olor de los fetos de las historias no nacidas. Escribo para que las historias no se me enquisten. Intentaré superar el MIEDO al que dirán y qué pensarán. Ya que por prescripción propia: escribir me hace mucho bien.