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23 ene 2016

Minirreflexión: Los principios y los finales

Zombies. Fuente: TeeHunter.Com
Hay unas frases de María Zambrano que hablaban del exilio y el desierto: "Fuí alguien que se quedó para siempre fuera y en vilo. Alguien que se quedó en un lugar donde nadie le pide ni le llama. Ser exiliado es ser devorado por la historia. Y su lugar es el desierto. Para no perderse, enajenarse, en el desierto hay que encerrar dentro de sí el desierto. Hay que adentrar, interiorizar el desierto en el alma, en la mente, en los sentidos mismos, aguzando el oído en detrimento de la vista para evitar los espejismos y escuchar las voces."  De su libro  Los Bienaventurados.


Siempre me he sentido identificada con ella... La melancolía infinita del desarraigo va más allá de la tierra y sus gentes. Hay veces que el cuerpo anhela el sueño, la muerte o la 'petit mort' para acercase al lugar infinito donde la mente se encuentra en casa. Algún gracioso diría que en mi lista me faltan los opiáceos. Pero no se trata de huir, sino de volver.  Zambrano era una mujer de mente preclara y vista agotada. Ser avanzada a su tiempo mientras tropiezas con los despiertos que te plantan batalla,  los zombies que te dan mil puñaladas por andar entre dos tierras. Y por último, los durmientes. Los que se conforman con que su vida se parezca a lo que habían imaginado o visto en la tele. El gran normalizador de tradiciones 'marketinianas'.

Hoy estoy un poco obstrusa, no sé si tiene sentido esta reflexión. Pero me siento demasiado despierta, demasiado crítica y demasiado desarraigada para los círculos en los que me muevo. O simplemente conformarme con la mediocridad. ¿Qué estoy haciendo y a dónde voy? ¿Tiene sentido pensar así?

17 abr 2012

La sombrilla, reflexiones: Lo normal

A menudo, conversando con la gente, suele salir la muletilla de "Lo normal es..." para describir el comportamiento de una persona y sus circunstancias. Pondré algunos ejemplos: si uno olvida unas gafas sobre la mesa de una cafetería, lo correcto es que alguien te las devuelva. Aunque lo normal,  es que nunca las vuelvas a ver.

O si te encuentras con alguien por la calle, lo correcto sería saludar, pero lo normal es seguir de largo. Como si lo que hubiera pasado a nuestro lado fuera, simplemente, una corriente de aire. Bueno chato, no saludes que te despeinas.

Cuando alguien tropieza y se cae al suelo, lo correcto sería ir a auxiliarle y ofrecerle algún tipo de ayuda, preguntar cómo está. Lo normal es que ese gesto produzca risa, o que se inmortalice en un vídeo para enviarlo a algún programa de televisión,  y así la carcajada sea más sonora.

Si vas conduciendo, lo correcto sería avisar la maniobra con los indicadores, pero lo normal, es que termines desarrollando un sexto sentido capaz de anticipar que el otro conductor se va a cambiar al tercer carril de la izquierda del tirón, y raspando milímetros para no tragarse la mediana.

"Piensa mal y acertarás" dice el dicho popular. Lo diferente sería preguntar qué ha sucedido y dar tiempo a  escuchar las explicaciones, e intentar entender. Lo normal, es que nos callemos, y nos pongamos a elucubrar teorías absurdas, o peliculones cinco estrellas, o con tres rombos. Amantes, villanos, ladrones, celosos.

Aceptando comportamientos equívocos por mayoritarios, estamos normalizando reacciones y rutinas que empobrecen nuestras relaciones con los demás, e incluso con nosotros mismos. Por  contraste, quien se sale de esa normalidad es un ser atípico y utópico. Incluso, adjetivado como 'anormal', ya que no es frecuente, que alguien se esfuerce en intentar llevar la teoría a la realidad,  que intente ser coherente con las buenas prácticas... Aunque se quede a mitad de camino. ¡Quizás, en el mundo deberían abundar los anormales, hacerse notar un poco más. No nos conformemos con los normales!