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23 sept 2016

Poema: Otoño, arena en los ojos y otras profecías

Otoño
He tenido que poner música,
para no escuchar las olas en la orilla.
He buscado letras acordes a mi interior.
Dentro ya es otoño,
Aunque la sal se convierte en pelusilla,
y tenga arena
en todos los pliegues
de una piel en curva.

Es verano muerto en el interior,
pero los árboles no se han enterado aún,
no se han teñido de marrón,
ponen sus hojas a danzar,
pero sin el viento que las haga volar.
Son como un bailarín sordo,
que baila con música mental.

Me dijeron que encontraría 
el amor en la tercera estación,
pero aquí es verano aún.

Vivir junto al mar,
permite baños en septiembre.
Vivir junto al mar,
te hace ver cuerpos de gimnasio
que pasean en la orilla
o se meten en el mar,
donde el agua no les cubre.
Parejas de iguales o
parejas de distintos.
Todos tienen arena en los ojos,
están ciegos.
No saben que él o ella,
está esperando a que la noche cubra la playa,
para librarse de la arena,
y buscar las hojas ocultas en la oscuridad.

De noche la madrugada es otoñal,
las hojas no caídas pasean desnudas junto a los semáforos.
La profecía no se cumplirá.
Me dijeron que esperase junto al árbol de hojas muertas.
Moreno de ojos limpios y brillantes,
como las estrellas que saben a mar.

El otoño junto al mar,
con las palmeras de guardianas en la avenida,
son enormes sujeta velas maldecidas por el madroño.
En la playa el verano es eterno.
Y llegará octubre convirtiéndose
en una fecha ficticia en el calendario,
pero no en temperatura.
Sigue haciendo demasiado calor,
para buscar el amor de la chimenea,
para buscar pieles en movimiento.
Gafas de sol para nadar,
y para que la mirada no delate
pupilas dilatadas.

Arena en los ojos,
poemas tristes,
que lloran una estación robada.
El tren continúa vertiginoso hacia ninguna parte.
Penélope sigue sentada en la estación,
porque lo vio pasar sin parar.
Los amantes profetizados
nunca se conocerán,
al atardecer,
al calor de un café.
Están junto al mar engañando al tiempo,
riéndose del cambio climático
y sus falsos calendarios.

De día la playa manda,
de noche,
los semáforos imitan los árboles caducos.
No hay otoño,
no hay árboles desnudos.
Te esperaré en un semáforo en rojo,
con un café en la mano,
justo al atardecer.

No llevaré gafas de sol para esconder miradas,
la arena estará con sus iguales.
Ningún grano de sal sabe igual que una hoja desterrada.
No puedo escribir mi nota
en aquella hoja cansada que llevaba el viento.
Nunca un grano de arena se convertirá
en un marca páginas del libro de poemas,
inspirados en una vida junto al mar.

Junto al salitre que cubre el puerto de los barcos
que se transforman en cuerpos nadando a ninguna parte.
Te espero, mientras exista la madurez sin canas,
Sino vienes, encuéntrame junto a Penélope.
Buscando hojas para vestirme de árbol caduco.

3 sept 2016

Poesía: ¿Eres mortal o polilla?

Foto: Polilla

Los dedos tocan el piano de las letras,
buscando las alas de los ángeles caídos.
Simples lepidópteros con alas quemadas.
De tanto buscar la luz, 
se quemaron con las bombillas.
Polillas desnudas de piel,
pero vestidas de letras capitales.
Cortando el frío del aire acondicionado
y el calor de la noche de verano.
Los dedos vuelan, 
mientras la mirada se torna turbia
la danza desnuda-vestida de las polillas
hipnotiza al más avezado.
Te enreda y te envuelve suavemente, 
 como las redes de una viuda negra.
Son dos polillas nadando a oscuras.
Son ciegas, pero no sordas.
Se llaman por su nombre oscuro,
Se llaman por su nombre de luz.
Las polillas son las mariposas de la noche,
no necesitan el sol, pero buscan la bombilla.
Se sienten polillas, pero son almas dormidas.
Son almas perdidas, como lámparas fundidas.
Almas-polilla que buscan soles de madrugada.
Buscan la luz en la boca del otro,
ven amaneceres en las palabras intermediarias,
tienen miedo del amanecer y  quedan al atardecer,
cuando al sol le queda poco para morir.
Se exponen lo justo para pasear por los callejones a oscuras.
Se dicen que jugarán con las manos,
a escribir en morse lo que es difícil de descifrar.
Van disfrazados como mortales,
¡pobre almas-polillas!,
seres quemados por el frío y por el calor.
Que hablan mil idiomas y no hablan ninguno,
seres que se arrastran,
mutilados por las mil batallas contra la bombilla.
¿Acaso vez la belleza?
¿O trasciendes del atavío físico?
¿Ves la luz o las sombras del interior ajeno?
¿Eres polilla, mariposa o ángel caído?
¿Eres mortal que camina descalzo por la tierra?
¿Eres mortal que camina sin pisar el suelo?
¿Eres mortal o polilla?

1 sept 2016

Poesía: El banco

Foto: Cruz de palabras


Testigo de soledades y secretos,

la madera de sus entresijos, de noche,

en góndola se transforma.

Las luces riñen en brillo y sombra.

Dos conocidos que desconocen haberse visto antes,

Amantes urgentes que piden paso.

El banco se convierte en frontera abierta.

Luces, madera, mirada, manos, sombras.

El banco discreto no toma nota.

Testigo de secretos urgentes y soledades rotas .

Poesía: La tensión



El calambre primero,

mezcla de tirón y desasosiego.

Ha sido sustituido con el tiempo,

en palabras, versos y papeles mojados.

Húmedos de la condensación de los cristales viciados.

Condensación del sudor de los pensamientos ansiosos.

El wassap no puede destilar el sudor sexual de los amantes.

Seres virtuales e imaginarios decorados con imágenes errantes.

Imágenes que en el ciberespacio ya se tocaron

y tocaron la virtualidad.

Sexo a ras de fibra,

allí yació el poeta.

Tras el sexo-clic,

la ilusión del primer día,

a cero grados ha bajado.

A los seres de piel,

el tiempo y la distancia,

ya les aproxima,

y los aproxima en el espacio.

Uno buscador de Melibeas,

mujeres feas y bellas,

condenadas al olvido.

Otra buscadora de juglares susurradores letras,

detrás de las cristaleras azules de sus ojos de mar.

Mar que no conoce de corrientes,

Ni su profundidad.

Muso divino y maldito,

que inspira cielos sin celibato,

que inspira infiernos sin arrebatos.

La tensión de la curiosidad

que dibujó con erotismo y pulso grotesco.

La tensión que amilana y espabila.

Horas quedan para el encuentro

de un poeta con un contador de cuentos.

¿Alquimia o mera destilación de humores?