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12 feb 2016

Poesía: Diálogos con la sombra

Con la sombra vale todo.
Le dijeron que la sombra
Es falta de luz.
Y la busca a ratos.
Con la sombra vale todo.

Unas veces es caperucita
Unas veces hace de lobo.
Con la sombra vale todo.
Unas veces es soldado de paz.
Otras precursor del desastre.
Con la sombra vale todo.

Hablas con ella,
te da cobijo, cual sombrilla,
para que no te quemes.
Con la sombra vale todo.
La sombra es refugio y es abismo.
La sombra es mirada turbia
con mente clara.
Otras veces mente turbia
con mirada fina y certera de halcón.

La sombra dice que sin ella
No apreciaríais los amaneceres.
La oscuridad no es violenta
Aunque con las piedras tropieces.

Quien te haya dicho que la oscuridad es mala,
Que recuerde que el negro es un color.
Los adjetivos negativos se los ponen las mentes tristes.
Los que dan la espalda a la luz,
Pero no miran al suelo,
Ella es su propia sombra.

La oscuridad es así.
Con la sombra vale todo.
Se marcha escondiéndose bajo mis zapatos.
Sin decir adiós... Hay silencios llenos, completos.

13 nov 2012

Poesía: Pensando de madrugada

En sepia. YSH
Muchos dicen eso de "No llores más",
pero esas lágrimas hacen que se limpien
los faros de tus ojos.
En la noche, la Farola no está encendida.
La sombra asustada por los gritos de su oscura cohorte,
simplemente escuchó sus voces.

Muchos dicen eso de "No llores más",
pero las lágrimas son los ríos de luz
que la sombra necesita
para que la oscuridad deje de ser.

Algunos ojos no desean llorar en soledad,
no porque que escondan manantiales secos.
Sino porque cuando aquel verano,
que hubo tormenta,
aquellas lágrimas,
se guardaron para sobrevivir.
Y resistir el siguiente ciclo.

De esta forma,  el vagabundo no murió de sed,
recorriendo el trayecto que en sueños,
dibujó aquel marinero que susurraba al viento.

"¿Qué es la oscuridad? Simplemente falta de Luz"

¿Qué es la sombra? El reflejo del brillo de la Farola.
¿Qué es la noche? El refugio donde las sombras se vuelven invisibles.
¿Qué es la luz? El punto de encuentro entre el sol y la luna.
¿Quién es el vagabundo? El barco que buscó con la mirada la Farola, la vio apagada y se asustó. Pero, pensó que si había llegado hasta allí en la oscuridad de la noche, ¿qué no haría a la luz del día?
¿Cuál es el refugio natural del agua dulce? El agua salada.
¿Qué hizo el vagabundo al ver la Farola apagada? Comprar una vela para pedir un deseo.
¿Cuál fue ese deseo? Chsssssssst, calla que sino no se cumple.

17 mar 2011

Minirrelato: La sombra de Casandra

Casandra bajó de madrugada a la playa, tenía mucho en que pensar. No hacía frío, simplemente una brisa templada acariciaba la orilla. Caminó despacio mientras el fuego ardía en la ciudad situada a su espalda, no quería mirar atrás sabía lo que estaba pasando, simplemente seguía hacia delante.

Observó el mar, buscando otras orillas, sólo tendría que cruzarlo, pero el agua lisonjera aunque mansa no era accesible. No lo podría cruzar. Casandra continuó caminando por la arena, como gato persiguiéndose la cola. El horizonte está ahí tan cerca y tan lejos- pensó. De repente miró el mar con enfado, otras veces buscaba en él su refugio, su muro de las lamentaciones, pero ahora éste no recibió ni lamentos ni susurros, de su boca no salió ni un improperio, pero se agachó, cogió una caña que las olas habían depositado en la arena y con toda su fuerza se la devolvió al mar. ¡Llévatelo y no lo dejes en la orilla!- ordenó con firmeza y siguió caminando.

El brillo de las llamas produjo una sombra en la oscuridad. Pequeña al principio, pero advirtió que cuanto más se alejaba crecía, se alargaba, aunque de manera desigual. De repente, las piernas crecieron de tal manera que se volvieron gigantescas, desproporcionadas. Admirada de su sombra comprendió que ahora sí podría cruzar, cualquier orilla era accesible. Por un instante sintió la seguridad de dar el paso y cruzar al otro extremo, el horizonte ya no era el límite, existía un más allá.

Esta reflexión no trajo paz a su alma. Una sombra de piernas largas no apaga ciudades en llamas - pensó, se giró para mirar la ciudad y escuchó los lamentos de aquellos desconocidos que morían sin ser reconocidos o  recordados. Casandra distinguió a los que sufrían callados y no alzaban su voz para no molestar, los intuía por los silencios. Los que se callan son los más graves, lo sabía.

Así que volviendo sobre sus pasos regresó a la ciudad, mientras caminaba hacia el fuego su sombra volvió al tamaño normal, proporcionado. Una sombra cualquiera, simplemente una más, pero que volvía para ayudar. Antes de abandonar la playa  echó un último vistazo al mar, respiró  la húmeda brisa y sonrió al ver que la caña que había lanzado seguía flotando sobre las olas.