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19 jun 2021

Minirrelato: Al estilo Ennio Morricone

Morricone

Xilófono de entrada,  hace imaginar una bailarina, leve y ligera, pero pronto la banda sonora trae intriga al cuadro. El tutú se vuelve traje pesado, verde con ribetes negros que destaca sus femeninos atributos, una pluma en el moño y una bandeja llena de vasos de whiskies que lleva hasta una mesa redonda, donde juegan lo peor y lo mejor de cada casa. La falsa bailarina reparte los vasos y baja la bandeja, se queda unos instantes mirando la partida. Pronto se sienten incómodos y regresa junto a la barra. Otro día más en el extrarradio del desierto, polvo, aulagas y tiros de gracia en exceso. 

Una simple mirada es motivo suficiente para que las balas empezaran su concierto, o las coreografías de puñetazos. Gritos, testosterona, hombría puesta a prueba. Llenas de palabras grandilocuentes como: honor, esperanza, futuro, fe. Sí, porque la fe en los seres del desierto es necesaria como el agua. El desierto tiene su propio sonido, la armónica de fondo que todo lo llena, y el aire caliente se mueve como una sábana hervida.

Amores de mujeres libres, amores de hombres en libertad, noches inolvidables, pero que no es amor suficiente para que el tren deje de hacer sus escalas, o que impida que el caballo parta al amanecer con las caricias frescas y la humedad del rocío. Si alguna fidelidad tienen es a su arma , su sombrero y su caballo, el resto del mundo puede ser prescindible, en un mundo donde el más rápido con la muñeca conserva la vida, el desapego es el rey.

Pero el piano, sueña lento de madrugada y el traje verde se transforma en muselina y la cabaretera se suelta su larga melena y llora por los hombres que durmieron con ella una noche y nunca regresaron, porque la envidiosa muerte se los llevó a todos. Ella baila bajo la luna llena, junto al aullido del lobo y el canto de los buhos. La noche también hace bailar a los fantasmas dentro de sus mal cavadas tumbas, mientras mece a las serpientes de cascabel. Durante unos instantes, fue viuda, fue dolorosa, fue plañidera, pero está sola.

Fuera se escucha un silbido, se enciende una cerilla, el sonido de las piedras al ser pisadas, y el viento que todo lo abriga. Hasta que sonó el primer disparo y sus réplicas... Morricone continúa disparando mientras el coro de hombres canta, coro varonil, gutural, agreste, que no da pie a añoranzas de muertos. Porque para Ennio cada bala tiene un nombre y tiene suficientes balas.



18 jun 2021

Minirrelato: La pizarra que no sabía leer


Había una vez una pizarra llamada Ana,  llena de letras y números, unas veces sostenía el mapa mundi o el esqueleto del viejo Antonio, el carnicero, que donó su cuerpo a la ciencia y sus huesos llegaron al colegio. La pizarra era verde como todas las pizarras analógicas, que ya las están cambiando por pantallas enrollables. Mientras fuera más rápida que ellas no eran competencia- se decía para sí. El profesor escribía o hacía diagramas a los alumnos que atentos miraban su superficie. 

Una noche la pizarra enrollable se puso a hablar con ella, ya se había tomado su tiempo, pues hacía dos años que la habían anclado al techo y todavía no había dicho ni buenos días. Ni si quiera había intervenido en las conversaciones con los pupitres o con Antonio, que el hombre aún conservaba un sentido del humor muy fino. 

-Hace mucho tiempo que estás ahí colgada, ¿no pizarra? - Sí, contestó ella que no sabía por dónde andaban los hilos. ¿Puedes leer lo que escriben en tu lomo los profesores? - No, dijo ella con candidez. Pero, puedo recordar algunas cosas, disfruto tanto con la clase, que no me fijo en las caligrafías ni en los diagramas. No me gusta leer si es a lo que te refieres. 

La pizarra enrollable escandalizada no paró de reírse, con los años que tú llevas de servicio y ¿qué no sabes diferenciar una suma de la letra 'a'? No me lo puedo creer Ana. Yo, soy el modelo M-213G y sé perfectamente cuánto es la raíz cuadrada de nueve. 

- Estrés, dijo la pizarra Ana entre risas, un estrés insoportable, reía mientras la mirada del modelo M-213G era una mezcla de reprobación y lástima. Bendito sea el señor que inventó la linterna. ¿Cómo se puede ser tan ignorante?

A ese comentario, Antonio el esqueleto se le encogió el entrecejo y a Ana la pizarra se  le escapó lo que sigue:

           Cómo llama usted ignorante al que ha vivido para educar a generaciones, siempre en segundo lugar para que los reflejos no cegaran las gafas de los alumnos. Destacando las letras para que los que estaban sentados en la fila de atrás no se perdieran ni una coma. Cómo me llama usted ignorante cuando en mi piel llevo tatuada la tabla periódica, los ríos de la cornisa cantábrica y el delta del Ebro. ¿Cómo puede usted llamarme ignorante cuando sé de oído poemas enteros de la literatura universal? ¿Cómo puede usted llamar ignorante al que enseñó a leer 'm' con 'a' 'ma'. Y al que definió las palabras: protozoo, pluricelular o las diferentes eras de la Tierra, ¿sabes tú acaso que significa 'Pangea'?

El modelo M-213G tenía conexión Wifi y podría buscar todo eso en la red, pero prefirió no crearse más enemigos, pues los pupitres ya la miraban con ojeriza, la papelera le escupió un chicle sin acierto, y el esqueleto Antonio le hacía dedos a dos manos. Pidió, perdón a todos, se enrolló y se quedó dormido pensado que hay muchas maneras de saber.


17 jun 2021

Minirrelato: Cuando Ascón recordó que era historia

La Vanguardia
 Allí en la cueva mientras los hombres demostraban su hombría buscando y cazando mamuts y demás casquerías para sacar adelante las familias que tenían. Ya que en en ningún lado se leyó que eran monógamos, pero sí que tenían muchos hijos y ancianos que alimentar. Bocas que como pajaritos pedían cuando tenían hambre o lloraban cuando tenían frío.

Una de esas noches un cazador llamado Ascón no podía dormir y se le acercó una de sus hijas, lo miró a los ojos. Pupilas despiertas y llenas de luz, que lo miraban con amor y admiración. Debía tener tres o cuatro años, pero en aquella época el tiempo se medía de otra manera. La abrazó, para protegerla del frío y le preguntó por qué no dormía. Ella le dijo que en su cabeza oía voces que no se callaban. El padre intrigado le dijo que le contara lo que esas voces le decían. 

La niña, llamada Mata, empezó con su voz infantil a relatar lo que veía y escuchaba de esta forma: Papá, dicen las voces que las luces del cielo se llaman estrellas, que los cambios del calor al frío, son las estaciones; que pronto vestiremos trapos que nos quitarán el frío y las cuevas serán diferentes. Las voces dicen que volaremos como los pájaros, y que nadaremos como los peces, que seremos dueños de la tierra hasta arruinarla y dejarla sin comida. Y llegará el día en que nos hincaremos de rodillas y pediremos perdón a la tierra por quemarla, robarla, abusarla y destruirla. 

A todo esto Ascón, la escuchaba asombrado, los espíritus se habrían apoderado de su cabecita, ¿sería una bruja? Sintió miedo por ella y por lo que le harían los demás si la escucharan, así que le puso un dedo en los labios a la niña y continuó la narración: El hombre está condenado a crecer y a hacer grandes cosas en su vida, sepa o no sepa hacerlas. Unas veces creará vida y otras las destruirá. El ser humano tocará las estrellas con los dedos, y bajará la luna a sus niñas iluminadas. Porque un padre con una hija que ve el futuro, debe correr para ver más que ella y protegerla. Él también intuía que la vida era algo más que comer frío y dormir caliente. Pero la urgencia de las necesidades diarias le habían hecho olvidar aquellos sueños que tenía a la misma edad de Mata. De niño las voces también le robaban el sueño por la noche para decirle que su hija sería reina, y que hombres y mujeres romperían los moldes del patriarcado y del matriarcado. Moldes que los tenían atrapados como el chico aquel que quería volar con las alas de cera. 

Incluso él sabía que esas voces eran de otros tiempos, eso que otros llamarían Historia, para ellos su ahora sería 'pasado' y lo que otras familias contarían sería el origen del 'futuro'. Consciente de que su instante era pretérito, y que su niña vidente volaba a otras épocas. La abrazó con fuerza, para que su calor le diera sueño a esos ojos despiertos y brillantes como la luna. Le sonrió y le dijo a Mata: Querida hija, había una vez una niña que sabía contar historias que escuchaba cuando dormía, así que mi niña dile a las voces que repartan el trabajo. Y dejen descansar tu tierno cuerpo, que el peso de la Historia no deben llevarla los niños, gracias por recordarme que mi trabajo es hacer que la historia sea. Para que tus mejores capítulos se hagan realidad, duerme mi niña, duerme, que yo te voy a  velar.

13 jun 2021

Minirrelato: El fin del mundo según una goma


 Ella era elástica y dura, borraba aquello que otros creían imperfecto. Sentía el calor de la mano y como jugueteaban con ella cuando se aburrían. Dolía como una piedra cuando era lanzada en proyectil. Verde, naranja, blanca, su color era lo de menos. Pronto el negro carbonilla la cubría por entero. Su forma cuadrada se iba redondeando con el uso. Y se quedaba sin aristas. Poco a poco iba perdiendo volumen y se convertía en una cuarta de su peso. Pronto cumpliría con su misión, borrar los errores ajenos. Todo iba bien hasta que llegó el verano, se acabaron las clases y se paró de repente la rutina diaria. Nadie la manoseaba o lamía con su lengua para saber qué sabor tenía. Nadie la hacía rodar. La carbonilla se le incrustaba junto al polvo acumulado. No sabía el por qué, los meses de estrés dejaron pasaron al hastío del verano. Donde nadie echaba cuenta del material escolar ni si quiera por añoranza.

Pero, pronto el fin del mundo llegó. Septiembre trajo una larga lista de enseres que no contemplaba reciclar a viejos compañeros de fatigas. Nueva, casi sin lamer, casi sin estrenar, la tiraron a la basura. Y allí entre los colores de tamaño medio y los cuadernos con más de veinticinco hojas vacías, lloró. Pelusas de goma recorrieron su redonda cara manchando el papel ajeno. Ya con su futuro incierto sintió como la bolsa de la papelera era cambiada y llevada al contenedor gris, el agujero negro de la basura, que no era compostaje, ni papel, ni cristal, ni embalaje. ¿Dónde se recicla una goma a medio borrar y con los deberes aún sin terminar? ¿A qué cielo iban las gomas a medias? ¿Las que aún tenían asuntos pendientes?

La incertidumbre era peor que si algún niño la hubiera masticado y escupido, al menos, hubiera saciado la curiosidad del que todo lo prueba aunque no sea comestible. Nunca fue la goma de un arquitecto, ni la goma de un universitario, ni la de un bachiller peleándose con las cuatro dimensiones y los puntos de fuga. Apareció en Primaria por casualidad y se quedó por convicción, pero no sabía que su vida sería corta, porque nadie aprovecha lo que tiene. El infierno de las gomas es que siempre hay gomas nuevas, no se valoran las curvas ni el servicio prestado. Siguió llorando pelusas y desapareció entre el resto del bolsas en el camión de basura de las siete y media de la mañana. Ese que viene siempre con prisa y vacía los contenedores sin bajarse del camión porque todo está automatizado. El chófer escuchó un lloro, pero pensó que fue su imaginación, las bolsas de basura a veces gritan enfadadas, pero hace ya tiempo que dejó de prestarles atención.

3 ago 2020

Minirrelato: El Sueño de Elva (XI)

Soñar con flotar en el aire significado según lo que sucede ...
El cuaderno se va llenando de nombres, de citas, de horas, de oraciones, de llantos, de enfados, de aplausos, de vítores, de máscarillas de colores, de gel hidroalcohólico de garrafón. Todo, todo estaba anotado en una bítácora de rayas rectas como la incertidumbre del futuro cercano. Ya saben, por eso de vivir el AHORA, que el mañana da ansiedad y el Diazepan recetado sale barato. Somos los dopados de pastillas y sudor de gimnasio. Somos los embadurnados de protector solar de 35 para pillar el moreno, que el blanco pandemia ya no está de moda. 

Elva escribe en el bus, derecha en las avenidas, torcida en las curvas, y centrípeta en las rotondas. Se sentía la cronista de las pequeñas cosas, esas en las que nadie repara. Aún recuerda la cara de pánico, de cervatillo, de una usuaria del transporte público al acercarse a la barandilla para sujetarse y cómo salió corriendo hacia el fondo del autobús. Y ahora, nos sentamos bien apretaditos o se hacen fiestas en barcos o botellones en los barrios: "Con la mascarilla no pasa nada", es el nuevo mantra.

Antes todos a las 12:00 veíamos el parte del Presidente y sus Ministros y sus Representes y las ruedas de prensa interminables. Ella las veía en el móvil mientras caminaba por calles inauditamente vacías y silenciosas. Era el silencio del miedo, la ciudad no estaba dormida, estaba acurrucada. Hasta que pasaba por delante de un balcón con el super altavoz a todo volumen en la que la voz de una niña rezaba el rosario. O pasaban los coches de Protección Civil callejeando con el himno de España y recomendando que se quedaran en sus casas. A las ocho de la tarde, después de los aplausos, un vecino tocaba a corneta la canción de los legionarios "El novio de la muerte". 

La realidad era surrealista, parecía una película sin director, pero con mil guionistas. Una superproducción, sí, pero nunca aparecieron Bruce Willis, Tom Cruise o Tom Hanks. La mente de Elva traducía ese evento como algo memorable, paradójicamente histórico y luctuoso. Vivido a través de la pantalla.  Y la unidad de la rutina de los aplausos para los Médicos, Enfermeros, Sanitarios, Sociosanitarios, Limpieza, Transportistas, Reponedores, Cajeros, Farmacéuticos, Panaderos, Fruteros, Carniceros... Todos ellos en mayúsculas, porque en el cuaderno de Elva no podían escribirse en chiquito. Trabajar contra viento y marea es un deber  y derecho. 

Derechos soliviantados por un virus y gestionados en A o en B o "En conmigo no cuentes"  con impunidad, convirtiendo a una gran parte de la población activa de un país en la Generación Suspendida...

1 mar 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (VIII)

Había sido una semana dura, le afectaban mucho las historias de sus clientes, cada tarde se pesaba y duplicaba su tasa. Ya se había traído a alguien a casa de nuevo, levantó las manos hacia el techo respirando hondo. ¡Aquí no, por favor!- se dijo así misma exhalando un suspiro. Encendió la música, se puso a bailar para exorcizar las energías que traía pegadas al alma, el dolor que ellos exudan. 

Por suerte, nunca había soñado con ellos, aún no habían saltado la barrera íntima del descanso, pero no podía olvidar sus historias: 

Pepita que con su ictus en el lado derecho había aprendido a pintar mándalas con la izquierda y quiere volar antes de que venga el siguiente coágulo a cambiarle los planes.

Antonia, afectada del nervio óptico, vive ciega en actitud anteponiendo los miedos a sus capacidades, aunque esto no amarga ni oscurece su bello y generoso corazón. Aunque es una golondrina atrapada por las cortinas, siempre huyendo de la luz.

Rocío un mujerón de 1,70 cm. Una mujer bella, bastante entera y autosuficiente de 90 años que decide convivir con un hombre de 85 para cuidarse el uno al otro. Lo que no sabían es que a los pocos meses el Alzheimer sería el tercero en discordia robándoles toda la ilusión y desbarando su proyecto de vida. Haciendo que ni ella ni él se pudiesen echarse una mano.

Esperanza, consumida hasta los huesos y una demencia que la salva de su realidad encamada, habla en verso. Le pregunté si ella era poeta y me dijo que no sabía ni leer ni escribir, pero que le gustaban las letras: "Las palabras son como mariposas, yo las veo volar y les digo quédense con Esperanza a hacerle compañía y se sientan a mi lado".

Elva los mira proyectados en su cabeza, como si fueran los personajes de una película, podía ser ella, podían ser sus amigos o familiares. Ser cronista de su caminar hacia el lugar donde acaban todos los achaques, escuchar una y otra vez de manera sinfín: "Qué bello es llegar a viejo, pero qué fea es la vejez". 

Ella intentaba hacerles reír, hacerles olvidar durante unos instantes su penar y recordarles que hay una clase de locura que les vendría bien, la de la  inocencia del que le queda aún mucho por vivir...Y si mueren que vuelvan para contarlo. Ellos esbozan una sonrisa y la miran en silencio... Volvió a suspirar, y dijo en voz alta: Lo siento, hasta aquí llegamos, pero en mi cama no entráis. Hasta mañana.

23 feb 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (VII)

Miguel de Unamuno
Elva desde la cama mira sus cuadernos apilados en la mesilla de noche llenos de pensamientos y reflexiones. Recuerda aquella película en la que Unamuno es increpado por haber cambiado mucho, y ruidosamente, de ideologías y pensamiento a lo largo de los años. Vida llena de contradicciones y logros, ejemplifica que para ser un hombre preclaro, para la mayoría, liderar es poco y no se olvidan fácilmente los errores. Ser un vanguardista lleva implícito el error y la valentía del sujeto- pensaba para sí misma.

Los cuadernos de Elva no tenían nada 'de grande' con mayúsculas, tan solo apuntaba el exceso de verborrea interna y que podía resultar cansina para el 'oídor'. Un día se dijo así misma que intentaría ser más sagaz y anecdotizar sus páginas por si la encontraban muerta alguna mañana, quien leyera esos diarios quizás encontrase algo útil....Ya estaba otra vez pensando en la imagen que quedaría de ella cuando no existiera...Aquí sonrío con un suspiro.

Escribir es soñar despierta. Recordó cuando una clienta le dijo una vez, a modo de pulla, que era "una soñadora" no se ofendió. Realmente era una persona más influenciada por el cine, tatuada por las miles de horas de televisión grabadas en la memoria de su retina, y que cuando se levanta con prisa no consigue recordar lo que soñó. Harto de veces ha llorado por esa vida onírica que valora más que la existencia física. Ahora vivimos en pantalla a tiempo real, la que recreamos con los móviles para reconstruir la vida dentro de la vida. Guionizamos, grabamos y editamos nuestro diario caminar para que se parezcan a nuestras películas favoritas.

¿Que somos absurdos? Sí, pero calmamos la ansiedad de la existencia misma... Elva, mira al techo, el reloj avanza hacia la madrugada. A ella le gusta soñar, vivir soñando, pero aunque lo pusiera en gerundio no sabía cuál sería el siguiente. Juego de afirmaciones e interrogantes que dejan pasar el sopor y el velo de inconsciencia, ambos consiguen que relajase el cuerpo para entrar en esa otra muerte que es dormir... Y de repente lo vio, allí estaba él esperándola en una terraza para tomar un café y reanudar su conversación de la noche anterior...

16 feb 2020

Minirrelato: El carnicero


Allí estaba Roxanne en la sección de frutería cogiendo lo necesario para la semana. Era su propósito para la nueva década: comer sano, caminar más y lo del gimnasio todavía estaba en negociaciones. Ya iba más a la peluquería y se pintaba las uñas de colores atrevidos. Aún se salía por fuera, por la falta de práctica, pero no se agobiaba, fregando los platos se quedaban niqueladas. 

Pequeños trucos de solterona pobretona pero con mucha moral y fe en que el empoderamiento venía en camino. Lo notaba, más vale tarde que nunca - Se repetía a menudo frente al espejo. Aunque no le quedaba muy claro si la autoestima venía primero y el empoderamiento después, pero da igual, el azul eléctrico de sus uñas le daba subidón. Seguro que el camino es por ahí - se decía a cada rato cuando su cuerpo reaccionaba positivamente ante una duda o entuerto.

Esa mañana concentrada en los calabacines y las peras conferencia se sintió observada, el único varón del super en aquel momento era el carnicero, y podía escucharlo pavonearse con su nutrido público de mujeres que coqueteaban y se retaban en ser más pícaras que él. 

Carnicero: Llévese estas lagrimitas de pollo que las preparamos mi mujer y yo, porque de tan mal que lo hice se puso a llorar de la pena.
Coro de mujeres (invisibles para Roxanne desde su ángulo, pero perfectamente audibles): Mira a ver hombre que si tan mal lo hiciste no nos las llevamos, que nos caen mal. (Risas)
Carnicero: (Suspira) Ay lo que yo haría con una mujer esta noche...
Coro de picaronas:  Ayyy muchas cosas, ¿verdad mozuelo?
Carnicero: Pues, mire usted, ver una serie de Netflix, y después...
Coro de picaronas: Después lo que no hiciste primero, ¿no?
Carnicero: Pues, ver otra serie de Netflix... (Risas)

Roxanne, pasó del coqueteo en plural y se centró en su lista de la compra. De repente, es abordada por el carnicero que se le planta delante y le dice que hay unas fresas buenísimas a buen precio, justo en el pasillo central. Ella patidifusa, contestaba en monosílabos y algo de que el kilo estaba a 5,99€, cosa que hizo que se le cortara a él un poco el rollo y le insistió en las fresas.

Semejante abordaje inesperado volvió a Roxanne un pato mareado, ya no tenía lista, solo la urgente necesidad de comprar fresas. Se dejó caer descuidadamente por el pasillo central y allí estaban, fresas empaquetadas en forma de corazón. Compró dos paquetes suspirando, corrió a casa y se las comió con fruición, eran la fresas más dulces que nunca había probado, quiso más.

Se levantó al día siguiente con la intención de volver, quería sus besos de fresa. Pero al llegar al supermercado, algo había cambiado, era el día libre del carnicero y se vendieron todas las fresas, hasta las caras. Roxanne miró el lugar vacío donde estuvo el stand lleno de corazones. Suspiró y se sintió una más...

Minirrelato: El sueño de Elva (VI)

Elva se remueve en la cama -  Puedo veros -  decía musitando entre sueños, los había visto, a él y a su hijo. A los dos los esquivó, o más bien la esquivaron a ella. Al verse ignorada por ambos, en el mismo día, en la misma hora, en diferentes contextos. Extrañamente, no se sintió ofendida. El suelo se afirmó y sintió que la calle ella suya, como en las películas antiguas del oeste. El Sheriff camina con las manos a los lados cubriendo las pistolas listas para desenfundar, y las piernas ligeramente abiertas al andar, como si los huevos fueran demasiado grandes para el embutido envoltorio  que eran los pantalones. Identificado por su estrella de oro en el pecho, que le otorga el derecho y el  poder, al par que le cubre el corazón de las balas de plata.

Ella miró sus piernas al andar, no podía verse así misma de otro modo, pero no se sintió culpable de esa reacción, cuando ves que dos lobos cambian de vereda o apartan la mirada, es que por fin han entendido que ése no era su territorio. No hay nada ni nadie al que domesticar, tan solo que cada quien siga su camino.

El viento arrastra las aulagas, pero no lleva impregnado el olor a sangre, la jornada está tranquila. Mientras mira el cielo despejado, la temperatura es espectacular. Un día propio para que los vivos, los muertos y los inventados caminen marcando la distancia terapéutica del que sabe que puede hacer daño. No se buscan problemas ni los quiere. El pulso del más fuerte por fin terminó. Elva rebusca en el poso de la taza por si otro final fuera posible. A  veces a los sueños les puedes apretar las tuercas y hacer un giro de guion. Pero hasta los sueños más surrealistas te recomiendan que vueles con los pies en el suelo y sueñes con los ojos entreabiertos. Soñar no es autogañarse, eso es otra cosa. Elva suspiró y por primera vez se levantó antes de que sonara el despertador. Dirigió su vista a la mesita de noche  y allí estaba puesta la bala de plata...

Minirrelato: El sueño de Elva (V)

Amas, pescadoras de perlas. Tokio
Elva remolonea en la cama,  de fondo la lavadora centrifuga y Norah Jones canta a media voz. Se mira las uñas pintadas de azul eléctrico. Ha pasado el día disfrutando de un tiempo que lucha por agarrarse a los "ahoras"que rezan los gurús. De día sigue a muchos para adelantar las horas, de noche le sobran todos. Demasiada gente en su cama. Demasiados guías espirituales con pócimas mágicas de un solo uso. Solo quiere dormir, soñar y recordar lo soñado. Se le mezclan el pasado y el presente, pero se  siente viva al recordar su vida onírica. Como si fuera una doble vida, sin testigos, sin críticos, sin censura, la que se permite ser. 

Esa vida morféica de la que siempre renegó: "Dormir es una pérdida de tiempo" es ahora su refugio y su vida real. Canta Norah, pero no la distraigas, que tus lágrimas y las suyas se funden volviéndolas menos saladas. Elva mira el techo mientras rememora un documental sobre la vida de Alfonsina Storni que acababa de ver, y de cómo se funde la historia de su suicidio, su muerte voluntaria con la fantasía de la poesía de su pluma y las canciones de los románticos. No hace falta una muerte violenta para ser un no vivo- pensó suspirando, con pasarte la vida durmiendo y no tener recuerdo de lo soñado, es como vivir sin vivir porque el cerebro olvidó hacer la copia de seguridad.

Jones cambia de canción y Elva ya no la escucha, el dulce frío del abrazo de la almohada la reconforta, y siente como el efecto de los sedantes la sumen en la borrachera nocturna que le impide tirarse a la calle de madrugada y convertirse en esa mala mujer, a la que teme pero que añora. Esa que se lanza al fondo del mar a buscar perlas a pulmón libre...

13 feb 2020

Minirrelato: Valentín



Canciones dedicadas, pétalos de rosas hasta la cama, corazones de cartón, cenas afrodisíacas, repertorio de caricias que para tocarte el corazón te masajea el seno. Valentín se quitó el pañal y mostró los atributos del gran fecundador. Listo para llenar el jarrón de barro de la que le espera receptiva como una flor. Quita la etiqueta de la colonia de feromonas comprada al litro. Sueña, sueña con triunfar el 14 de febrero. Ese día en que solo se da amor envuelto en papel de gran almacén, Valentín se mira las manos, está orgulloso de ellas, herramientas bien calibradas. Se sabe rey, desnudo va a por ella, está de espaldas y susurra unas palabras... Qué bella eres Soledad. 

12 feb 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (IV)

Alfonsina Storni
Los iguales se encuentran y se reconocen, Elva corrió hacia el mar, le pareció escucharla rezando versos. Besos mezclados con  espuma y arena, va tras ella. El pecho castrado no arrastró el corazón de Alfonsina, que se entregó al agua salada de la madre más grande, buscando su lecho en el fondo. Justo allí donde el eco reverbera en catedrales sumergidas. Maestra de mujeres, piloto de nadie. Ella solo fue, se dio permiso de ser, y morir como mueren los grandes, como les da la gana. 

Elva continuaba mirando el mar bravo, creía verla entre las olas, murió con la bella muerte de los poetas, el suicidio con espuma y resaca. Para transformarse en un espíritu más que susurra palabras de libertad en cada exhalación.  ¿Acaso crees que morir ahogado en el mar es fácil? ¿Morir en un entorno que es la gran barriga? ¿Ahogarte en esa agua que nos recuerda el líquido primigenio que nos protegió de chicos? ¿Acaso crees que el suicidio es una cobardía? No Elva, es lo más fríamente calculado que he hecho, ni los versos más enrevesados me dedicaron tanta atención. Morir de pie antes que el cuerpo se pudra en vida. No hay poesía en la putrefacción consciente. 

Mi querida Elva, nos hemos conocido por casualidad y ya me cuentas tus inquietudes, mi biografía te inspira dices. Escribe la tuya, Elva. Y cuando despiertes mañana, recuerda que Alfonsina Storni no estaba enajenada, tan solo hablaba en otro idioma. Un lenguaje intenso y desde las entrañas, donde el drama se funde con la inspiración y se desnudan para amarse, para preñar hojas y cuadernos. ¿Una orgía literaria? Si tocas ese papel Elva, está latiendo aunque no lo sientas, aunque no lo sientas ...

9 feb 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (III)

Jorge Rando
Elva se levanta un domingo más con la promesa de que son las últimas horas de descanso antes de volver a la vorágine semanal. Hoy no preparó café, sino un zumo de plátano, piña y chía. A ver si así alargaba la mañana para conjurar a los idus del descanso y el asueto. No quería escuchar sus voces internas, esas que la hacían entrar casi en un brote psicótico día tras día. Por mucho que las mandase callar ellas dominaban sus neuronas, y cabalgaban la ansiedad que la hacía desear un final no cristiano. Esta mañana respiró, no estaban y decidió escuchar música...

Norah Jones canta mientras el sonido del teclado de Elva intenta pasar desapercibido, como un piano a destiempo. El ritmo lento inspira caricias a las letras para que éstas se vuelvan dóciles y mansas, como pinceladas de pintor enamorado y satisfecho de besos y saliva. Artista que ya ve en el cuerpo desnudo un mundo por descubrir y no carne fresca para devorar. Pintar sin derecho de pernada.

Elva se siente acompañada al ritmo de la música, no sabe si ella o la melodía son las que teclean el ordenador. Intenta poner la mente en blanco y permitir que lo inconsciente se haga consciente, como rezaba Jung. Las alturas y las cimas más profundas ofrecen refugios, que al menos hoy no le interesan, tiene los pies llenos de llagas. Imaginando historias de finales llenos de algodón limpio, sin sangre. Un algodón de descanso y no sucio de poluciones y de urgencias.

 La música y la voz de Norah son conductor y carreta. Elva se deja llevar sin preguntar el destino, hasta que ve surcar una mariposa roja. No es un ser vivo, en los sueños los seres son dibujos en muchas dimensiones. Ahora recuerda que la vió en el Museo de Jorge Rando, una mariposa hecha de trazos ligeros y pintura roja como la sangre pero sin manchar, parece un bicho repugnante y bello a la vez, como los seres humanos, que a veces hay que buscarles el perfil bueno porque no se lo vemos.

Al bajarse del carro, Norah aligeró el caballo y siguió su camino, y la mariposa voló como sino fuera de lienzo, ni el vago recuerdo de una exposición visitada con prisa, Elva miró su teclado y solo vio letras...

12 ene 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (II)


Elva se acuesta mientras se imagina así misma escribiendo en su diario...Fantasías y sueños, algunos reconfortantes y otros extraños. Le decimos a los dedos que escriban sin consultar a la mente, que cojan el camino de en medio y se pierdan en la abstracción. Que use las manos como los buscadores de oro.


Poco a poco se quita la ropa y se deshace en efervescencia en el río de la vida. Nada en el agua, pero no sacia su sed. Ve al resto de peces pero ella no es un pez. Los observa respirar líquido y comer al mismo tiempo. Parecen seres simples, pero no ha hablado con ellos para hacer juicios.

Se marcha de allí y continúa buscando a los seres oscuros de las cimas más profundas, cuando llega ve luz y se extraña. Son seres iridiscentes que iluminan las sombras. El mundo al revés pensó. Siguió nadando hasta que sintió que necesitaba respirar, sacó la cabeza y lloró al ver el mar lleno de cadáveres flotando en la superficie. ¿Dios, que ha pasado?

Eran cuerpos de soldados de barcos hundidos, eran cuerpos de migrantes que viajaban en frágiles
pateras, eran islas de plásticos y peces muertos por indigestión de objetos extraños. Elva empezó a llorar, gemir y gritar cada vez más alto, hasta que despertó...

29 dic 2019

Minirrelato: El vecino

La ventana indiscreta
Puerta con puerta, lo escucho respirar, tirar de la cadena, abrir la ducha, enjabonarse, y golpear la puerta contra la pared. Lo escucho rumiar, huelo las yerbas que se fuma para olvidar. Sé que tiene mujer que viene y da gritos, sé que tiene una niña que canta sin cesar con su micrófono de karaoke. Lo siento escucharla sin desconectar, las horas que está con ella se pasan rápido. 

Lo escucho abrir la reja con cuidado para no molestar, para luego cerrar de un golpe la de casa. Advierto que tiene polaridades, como todos. Se levanta a las cinco de la mañana para ir a trabajar. Quiere salir sin ser escuchado, pero la llave le delata. El silencio de la calle no le cubre, arranca el motor del coche. Vuelve tarde aunque de día, pone una lavadora y la cuelga en un tendedero minúsculo. Me ve pasar y me pide disculpas por ponerlo en la entrada, que si lo necesito él lo quita. Se lo agradezco, pero el mío tiene alas y no cabe ahí. 

Llevo casi seis años en mi pequeño estudio, he visto entrar y salir a mucha gente de toda condición. Y este joven es el primero que se presenta y luego pasa desapercibido, o eso cree él. Puerta con puerta, también significa pared con pared. Compartimos termo y sus gastos. Algún día se irá, como han hecho todos, pero creo que es el único del que he tomado nota. No es espionaje  internacional, tan solo espionaje de pasillo y pared. 

19 abr 2019

Minirrelato: El amanecer de las bestias

Hay tareas pendientes que aunque uno las posponga terminan saliendo solas, las saboteemos o no. Hoy es un buen día para resolver los asuntos, aligerar la agenda.

Yamamba, Yama-uba by TYGER
Es Viernes Santo, muertos hay muchos, con nombres y apellidos más o menos ilustres. Subidos a cruces o cargando con ellas. Todos se alejan rápido de este loco mundo.

Dicen que tengo mal despertar, pero creo que es cuando más sincera soy. Cuando no surge ningún amago de agradar al prójimo, con la dulce y hosca mirada de una asesina en serie, depredadora despiadada.  El café es solo una excusa: "Antes de tomarlo no soy persona". ¿Y de verdad te lo crees? Se te perdona la vida mañana tras mañana, hasta que se agota el perfume de tu vida prestada.

Aún me relamo con gusto, este amanecer no tomé prisioneros, ni queda rastro alguno.  Caíste al suelo ignorante aún del  por qué. Miraste a los ojos de la bestia y creíste que iba a ser un día especial,  en vez de caricias, fueron las garras del diablo las que sujetaron tu mentón con la cálida frialdad del que se sabe con la guadaña en la otra mano. Infeliz...


18 ago 2018

Minirrelato: El soldado de corcho


Allí estaba aquel ser, deshidratado en el desierto, en aquella duna que lo recibía como su última cuna. El efímero seno de arena que sentiría bajo sus dedos. El delirio le hacía tener pensamientos oscuros. Sabía que podía morir, pero el mismo deseo de beber algo lo ataba a la existencia. Notaba la fiebre ascendiendo como la lava que hace el recorrido a la inversa, derritiendo la cabeza. 

Se sentía acartonado, como un alcornoque viejo al que le han quitado cientos de capas. No sabía cómo había llegado hasta allí. Su cuerpo olía a sudor y cobre. Laceraciones hirvientes recorrían todo su cuerpo, pero no sabía por qué, ni quién lo había hecho. No podía odiar, ni tampoco perdonar.  Volvió a perder la consciencia.

- El umbral del dolor es alto, tolera con demasiada facilidad la tortura y el sufrimiento- Escuchó que decían. Tiene la piel encallecida y los nervios atrofiados, nudosos, como un árbol viejo. 

Lo sabía, se estaba transformando en un ser deforme, había perdido su identidad, no era hombre, pero tampoco mujer. El látigo lo había esculpido de nuevo. Era surco y grieta, era coral en el fondo del mar.  En las callosidades se encontraban los borrones de lo que otros quisieron firmar. 

Se despertó delirando, agarró la arena en un puño como queriendo abarcar el desierto entero y convertirlo en talud y mortaja. El polvo en el polvo, el seco bautismo de los muertos. Sus dedos como garras, como ramas famélicas. Se sentía tronco sin raíces cuyos frutos estaban muy lejos. Solo, donde nadie oyó su caída para contarlo. 

Sintió mareo y empezó la caída libre, hasta que escuchó el descorche de una botella.

12 jul 2018

Minirrelato: Elegía a las musas

Portada de Festín de Cuervos
Mi musa estaba muy leída y no cometía faltas de ortografía. Vigilaba y escuchaba tras las puertas para buscar historias frescas. Las traía presas en su boca chorreando sangre caliente. Las tiraba moribundas en la mesa y se iba sin esperar agradecimiento. 

Los cuerpos empezaron a amontonarse, como en  una fosa común. La musa empezó a aullar para llamar la atención hasta quedar afónica, pero hace mucho que me quedé sordo. Ya no puedo escuchar las voces. Sí, la castración química para los escritores existe. Nos volvemos más terrenales, más cínicos y no nos reímos con facilidad. Cuando consiguen domesticar a un artista, éste se vuelve opaco, un poco más muro y menos piel. Ya está muerto y apto vivir en sociedad.

Mi mente esboza mil excusas para eludir el hecho de que la musa no murió de vieja. Me la dieron bastante usada, sí, pero mi musa era hembra dominadora. Era hembra transgénero que ya había matado al toro por los cuernos. Y cada cuerno era un seno en su pecho. Le gustaban las bromas casuales, las sátiras burlescas y las caricias en sitios innombrables. Era absurda, picante y excelsamente relevante. No pasaba desapercibida, más que susurrar al oído me daba collejas y gritaba: ¡Espabila 'tarao'!

Ella murió de indiferencia y tabaco, la cirrosis la volvió amarillo fatiga y murió extenuada. El escritor sin embargo, está maldecido con la oportunidad de vivir muchos años bajo el signo de la normalidad grabado en escarlata en su frente. Muses semper in pace.


2 feb 2018

Minirelato: Corrientes

El viento soplaba desde el este, la hoja salió despedida de la rama, se dejó llevar. El viento, llamado por algunos como destino, la arrastraba. Nadie le pidió permiso, se sintió nadie entre las corrientes frías y calientes. No era muy consciente si ella tomaba partido del todo, es difícil controlar el vuelo en todas sus incógnitas.
Resultado de imagen de remolino de hojas secas b/n
You Can Be Smile
De esto hace mucho tiempo ya, la música 'retro' suena con ansias de un pasado que no vivió, no fue su pasado, aunque las notas se empeñaban en decirle que tenía que volver allí. Películas de los años 40. Rostros bellos, casi hieráticos y fríos. Allí, donde los árboles en blanco y negro no distinguen el cambio de estación.

Esa hoja que perdida en la travesía aérea de los muertos, no todos nadan en los ríos infernales. El hedor que desprenden es denso como una ola enfurecida y rabiosa vomitando espuma. La hoja muerta siente todas las muertes.

De nuevo suena la marcha fúnebre a ritmo de jazz. Hoja libre y soñadora, encuentra en la muerte la libertad sin leyes, ni protocolos que no encontró en vida. Hoja libre y transgresora que siempre miró a todos con la maldad infantil de un alma ingenua. Peligrosa en sí misma, por su candidez y falta de  maldad verdadera. Hoja que baila en las sombras, mientras escribe en sus venas el guión para la siguiente vida. 

Hoja febril y cardíaca, hoja de árbol, hoja de libro, hoja de cuaderno, hoja del libro de los muertos, hoja del registro civil y del bautismo. Hoja que busca en la genealogía de sus ancestros un hueco para dejar su huella. Necesidad vestigial que nos vuelve repetitivos y cansinos. Un día como, hace años, pensamos lo mismo de manera sincronizada, con la sincronización global que nos hace aburridos y anodinos, pero enfermos de unicidad y tan diferentes del resto como la capacidad de ser genuino tengamos.

La hoja entra en el reino del olvido, todo lo que apuntó con tanto esmero, todo lo escribió con la delicadeza de un amanuense desaparece como ella. 

15 mar 2017

Minirrelato: Para esos muertos

Cuando caminas por el jardín de los muertos y respiras su aroma diverso y lleno de matices. No puedes más que admirar la belleza de lo efímero y aplaudir sus esfuerzos por caminar entre los vivos sin que se note que están muertos. Si en tu camino encuentras a alguno perdido, dale la mano y condúcele al desierto, pues el lugar de los muertos no es el cementerio. El polvo busca el polvo en aquellos lodos. Ellos son nómadas eternos en busca de una piel que los habite, un sol que los queme y una arena, que como notario, tome acta de sus efímeras huellas. Ahí van en procesión los muertos cargados de corbatas o discursos engomados. Buscan el oasis que los refugie, la matriz-tumba que los haga revivir. Tú oyente no seas sujeto paciente y tradúcele al muerto las indicaciones para que sus huesos descansen, o dejen de ser muertos sin objeto ni propósito. Pues, la muerte es libertad, y la libertad sueño.