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16 jun 2021

Minirrelato: El sueño de Elva (XXI)

 

Colombo BSO

Últimamente, Elva se entretiene viendo capítulos viejos de Colombo, ese detective de homicidios, desastroso, torpe y tonto, pero que resuelve todos los casos. El antihéroe, entrañable que aparentemente se dejaba intimidar o ningunear por los malos. Cualquiera podía decirle que se fuera, que se callara, que se equivocaba. Incluso a veces hasta su esposa invisible resolvía casos con él: "No se pone el carro antes que el caballo". O verlo cada noche, con su desastrosa gabardina y su puro a medio encender, cenar chile con judías y café.

Encorvado, con un coche desastroso y el ojo bizco. Hace contraste con los malos, todos guapos, bien trajeados y conjuntados. En casas inmensas, con coches de importación de color plateado y con invernaderos llenos de orquídeas de miles de dólares. Su vieja tartana también era importada, pero que hasta un mecánico se niega a tocarla: "Porque hasta él tiene límites" y lo deja con el puro en la boca y el capó levantado.

Elva, recuerda a aquella niña que veía los capítulos de niña y no pensaba que era tonto, sino que era su estilo. Ahora ya no sabría distinguirlo. Pero se le va la vista con la puesta en escena, los decorados, los vestuarios, los peinados. Le parecían una belleza, daba igual que a Colombo lo trapearan durante todo el capítulo, pues siempre alguno se pasaba de listo con él, otros se auto inculpaban delante suya a mitad de capítulo con chulería, pero era demasiado pronto para sus diagnósticos. Justo al final,  y no antes,  hacía jaque mate al del malo de turno.

... Elva se percata que está lloviendo en junio, deja sus pensamientos y sus notas y se asoma a la calle, permitiendo que los goterones le cayeran en la cara, sintiendo el calor del agua al hervir cuando toca el suelo caliente del día de un sol de justicia. Apetece una rebeca, mientras sube el olor a tierra mojada. Arrecia el agua, y a lo lejos cree ver ... A Colombo, que se da por satisfecho de la jornada con su puro, su tartana y su esposa invisible. La mano de la ley efectiva, pero mal pagada. Allí se aleja en la curva con el ruido de los limpiaparabrisas, echando el humo de su puro, de las gotas que le caen en la manga de la gabardina desfasada, vieja y barata. Mientras, piensa: La justicia de bajo presupuesto también es justicia. 

12 jun 2021

Minirrelato: El sueño de Elva (XX)

 

La tercera


A veces el sexto sentido te juega malas pasadas, no sabes si es eso o el diablo que te susurra al oído malos pensamientos. Cerró las ventanas del cuarto y echó fuera las luces del mediodía tras las pesadas cortinas. Desterró el día por la noche de un plumazo, porque la voz le dijo que eso no era bueno, que tenía malas intenciones. Y ahí estaba de nuevo, encerrada en su cuarto y lamentando ser esclava de una mente perversa que convertía su vida en una cárcel. 

No podía fiarse de nadie, y menos aún de sí misma. Era el sujeto perfecto para fobias y paranoias. Cuando explicaba eso a algunas personas escogidas, la miraban con pena y diciendo: "Deja las cosas en manos de Dios", en cambio otras: "Nadie lo diría, se te ve tan bien, no se te va cayendo la baba por un lado ni nada". Se le ponían los pelos como escarpias cuando escuchaba esto a sus congéneres. Y cómo en pleno siglo XXI, cualquier problema de salud mental era tratado como si uno estuviera apestado. ¿Hasta qué punto era Elva fiable? ¿Era peligrosa para ella misma o para los demás? 

Las últimas crisis de Elva la habían sumido en las sombras oscuras de casas cerradas y sin apenas trato con la humanidad. La almohada era su parapeto y las sábanas la protegían del desapego de los demás. Esos a los que alejaba, pero que tanto necesitaba. El nivel del agujero del submundo al que se dirigía en soledad no tenía fin, y sabía que iba de cabeza a los círculos de Dante porque encontraba demasiado cargado el aire de azufre y todos los personajes de Vargas Llosa, en Las cinco esquinas, se paseaban desnudos por la habitación. Replicando danzas como solo Vargas sabe describir con humedades, vapor y piel.

Otro día más restado a la vida útil que todos conocen, una raya más pintada en la pared de la habitación. Cautiva en su propia cabeza, no paraba de repetírselo, delante de ella acababa de saltar el conejo blanco de chistera morada, luego el fumador de hierba que iba a calzón bajado mientras bailaba con la cerveza en la mano cantado feliz de estar con las percepciones alteradas. ¿Por qué te agobias rubia? Y continúa bailando como si una música étnica llena de tambores le marcaran el paso y el pulso. Ella no entendía su sorna, su burla, su ignorancia, su humeante escapada hacia delante de lo que ella huía.

Hay tantas cosas que decir sobre la estabilidad emocional y la inestabilidad mental que a Elva le gustaría gritarlo a los cuatros vientos. Cuántos sin diagnosticar y cuántos empequeñecidos por la etiqueta y los prejuicios del diagnóstico. La normalización es un camino que pasa por regresar plena del infierno y con los músculos más tonificados que nunca. Como  el preso que se pone en forma en el gimnasio de la cárcel o se saca la carrera de abogado en la trena. Elva sonríe imaginándose así misma desarrollando superpoderes que sirvan para ayudar a los demás desde su pequeña parcelita. Superheroína, hipersensible, una campana de resonancia, cualquier definición le da igual, lo que quiere es tener vida cuando vuelva.


6 jun 2021

Minirrelato: El sueño de Elva (XVIII)

La mirada
Suena el piano en cine mudo, dando saltos y corriendo detrás del malandrín. Elva disfrutaba con las películas en blanco y negro, donde las rubias eran tan rubias, los malvados tan malvados, los buenos eran tan santos, que cuando el hambriento Chaplin se comió los cordones de sus botas le supo, incluso a ella, a pasta al pomodoro con su orégano y todo. Qué fuerza de convicción para transmitir desde el silencio, de manera tan completa. Hoy con video llamadas, emoticonos, memes y nos quedamos cortos, siempre nos falta contexto para entender al otro, quizás porque para ver cine mudo hay que abrir los ojos y apretar las orejas para sincronizar la música con los gestos y darles el dinamismo que requiere la comunicación completa.

Siempre recordará la película Metrópolis, una ensoñación futurista, ya pasada de moda, en la que en el año 2000 el mundo seguiría regido por ricos, pobres y máquinas. Muy desencaminada no iba, salvo que le faltó el acoso publicitario, las redes Wifi y las adicciones a las pantallas, aunque seguro que hay otra peli que lo explica.

Cortejando
Para Elva soñar con el futuro, es mirar al pasado a ver qué esperaban nuestros bisabuelos de nosotros con lo que ellos empezaron. En pocos, años hasta ella se siente desfasada tecnológicamente, ya que hasta para encontrar amistades hay que usar cables, pantallas y redes sociales. Acaba de hablar con un amigo suyo Off line-  hay que aclararlo - que ha conocido al amor de su vida en el mundo On line, y allá que va. Que si en Metrópolis el enamorado lo hacía de una pobre proletaria hoy son los algoritmos y medias verdades las que unen los corazones que a veces se escondían practicando el amor cortés.

La pianola suena de forma circular, aunque no han parado de salir personajes corriendo, sonrojándose y oliendo flores como si fueran las del paraíso. Mientras la celestina de turno cuidaba de la honra de la bella muchacha, Elva no recuerda si los pobres tienen sujeta velas que guardaran su honra o el palo de la fregona detrás de la puerta. Le falta mucho cine por ver, saltar la pantalla y reírse del tropiezo de Chaplin. O el guiño del don Juan de turno. Ay, Elva... To be continued...

5 jun 2021

Minirrelatos: El sueño de Elva (XVII)

Reina de corazones


Los antiguos ricos y poderosos no fueron los únicos en inmortalizarse perfectos, lustrosos y usando el 'modo belleza' del pincel y el buen hacer del pintor de turno. No nos soportamos, ni a propios ni a extraños porque estamos hechos de cristales rotos... Elva se giró, mientras pensaba mirando al techo, como si allí estuviera la otra cámara que atrapara su esencia, desde el filtro número cinco del móvil, para que quede natural, no hay que exagerar.

Allí donde los cristales de tu cuerpo tienen contacto a diario con otros, se vuelven romos y no cortan, pero desde que la mano acaricia otras fronteras, sale ensangrentada como si hubiera tocado una cadena de espinas. Cristales, espinas, cuchillos, filos cortantes todos. Las relaciones humanas están hechas de sangre fresca y cicatrices de varios puntos de sutura. Nos pasamos la vida poniendo cinta de carrocero en las heridas. Nos dicen que somos iguales, que estamos hechos para ser sociales, gregarios, pero la salida al dolor es la risa, la broma, el esperpento, la caricatura.

Como caricaturas, así nos pintaron Valle Inclán y Galdós, entre otros, de hecho es la manera más amable de vernos unos a otros, a través del sentido del humor. Una sociedad que se pone maxi vestidos para esconder los zancos con los que apenas sabe caminar. O que esconde debajo a la Reina de Corazones. Falsedades que convienen para facilitar eso que llaman la convivencia cordial o diplomacia aplicada. Como la barba, que los vuelve más varoniles, fuertes, invencibles, espartanos, sexys y paternales. Hasta que se la quitan, y ves la cara de niño o el individuo gris que se escondía bajo el atrezo y el maquillaje que el Marketing definiría como los hombres fuertes de la New Age. 

Ambos, hombres y mujeres están atrapados por las filias y las fobias del paso del tiempo y pulen sus cuerpos, lo que el cristal dé de sí. Aunque se rompa. Ya surgirá una obra maestra, es lo que queda. Mujeres que como Elva se miran y remiran desde el otro lado del espejo de Alicia, porque ese lado favorece más. Y más si levantas el móvil y tomas un plano en picado destacando los ojos de gata. 

Se miró en el espejo, hoy no vio su rostro pálido y lleno de imperfecciones. Al contrario, vio una máscara perfecta. Por fin, el maquillaje base y el brillo han hecho el milagro, pensó. Soy como la que que sale en el 'selfie', se repetía feliz. Pronto recordó que los seres de cristal, en realidad son hijos de la arena y pueden reconstruirse a gusto, da igual que sea una belleza real, ficticia, una máscara o un esperpento. La Reina de corazones siempre cortará cabezas.

Minirrelato: El sueño del Elva (XVI)


Amélie (2001)

Elva miraba la película por décima  vez, la mirada de ella abierta de par en par. La sonrisa inocente del que tiene el alma limpia y joven, aniñada diría. Unos ojos que hacen grande lo pequeño y gigantesco lo minúsculo. Un alma hecha de pétalos de flores y alas de mariposa, pero duras como las puntas de las bailarinas a fuerza de 'pointe'. Sacrificio y constancia, hadas de metal.  Amélie y su piano director, ella y sus fotografías que reconstruían vidas rotas. Vidas que nadie tenía interés de recoger del suelo salvo ella. Que les ponía nombre y apellidos. Así es, su heroína de la gran pantalla y cuya mirada la recogía a salvo en algún lugar de su alma.

El alma de Elva o Amélie o viceversa, eran jinetes amazonas de bicicletas y bufandas de colores solares, bailando en plena calle las bandas sonoras que solo sonaban en sus cabezas. El piano, el xilófono, la percusión, el viento barrigón, todos daban color y luz a sus días,  y paz a sus noches. Medias de colores chillones y sombreros a juego para que el sol no pintara más pequitas en su francesita cara.

A Elva la edad la ponía en su sitio y no era el sol sino los estrógenos los que dibujaban pecas que daban un falso moreno a su cara. Manchas que en la mágica televisión desaparecían, pero que en las tiendas de cosméticos, las  empleadas se empeñaban en esconder detrás de los productos más caros, para que te los llevaras primeros.

Tanto Elva como Amélie, sabían que todo tenía una vuelta de tortilla a la francesa y un poco de acordeón, a fuerza de echarle imaginación e inocencia infantil. Mientras suena el piano, como los latidos del corazón bailando un 'pas a deux'. Amélie y Elva se hacen reverencias y se toman de la mano, como aquellos bailarines eternos de las cajas de música, que bailan sin tocarse, pero cuyos besos volaban con las notas musicales. 

Amelíe, susurra: Elva, no te alejes de mí, no dejes de recordarme que la inocencia es es el tesoro de los vivos y los enamorados. Y ella, solo podía contestar llorando, aunque sonara una marcha triunfal. Elva habla siempre de amor, porque en su corazón germinó hace tiempo el rosedal del romanticismo y Amor se quedó atrapado entre sus espinas. 

No lo suelta, aunque ella se lo recuerda: Elva no seas egoísta, el mundo necesita amor, libertad y alegría, no puedes atraparlos en tu egoísmo infantil. La ingenuidad no es avariciosa, es generosa como el agua que corre, como el aire que respiras y luego devuelves, no te lo puedes quedar, pues se volvería tóxico.

- Amelíe, tienes razón. ¿Pero, cómo no ser egoísta? ¿Cómo ser generosa en la sequía de la pobreza? ¿Cómo no ser cazadora cuando el hambre aprieta? ¿Cómo dejar de bailar cuando suenan el piano y el violín como si estuvieran haciendo el amor en el aire y a plena vista? ¿Crees a caso Amelíe que tu alegría es perpetua? ¿Acaso tomas psicotrópicos o seré yo la que me perdí en tu fotograma para siempre? ¿Acaso estoy atrapada en la escena en la que recoges fotos rotas y abandonadas en el fotomatón? ¿Seré yo acaso una foto más en tu álbum de recortes, Amelíe?

- Elva: Mírame con tus preciosos ojos de plato mirando la gran pantalla, quiero ser ese telón blanco que recoge todas las fantasías que te hacen llorar, reír, soñar y sentirte libre. Eres una 'rara avis' y yo solo un recorte en blanco y negro. El piano marca el camino a seguir todo el tiempo, como sargento en su última batalla. Llorar, no sé si llorar, el piano no marca el camino de las lágrimas, tan solo te ordena seguir. ¿Cuándo termina la película Amélie? Cuando las teclas dejen de dibujar el plano a seguir, 

- Dile que se calle, no puedo seguir el ritmo, parece que me ha oído y ha bajado el 'tempo'. Gracias por escuchar el ruego del personaje de una secuencia en la que una foto- vista en picado por la cámara-  en la basura vuelve a tener vida. Y de repente suena el xilófono, de la alegría, de los sueños, que vuelven a empezar. Saliste del olvido, al momento presente y ella te hace bailar de nuevo, con la ilusión del que se siente por primera vez en la máquina del fotomatón, y en el tercer intento sales guapa, Elva sonríe con la sonrisa infantil, feliz, ingenua como en la película de Améle. 

6 dic 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (XIV)

Cuando  Elva empezó su diario no sabía que aquellas páginas en blanco serían como las sábanas que la recogerían en un fuerte abrazo cada vez que lo abría. Muchas veces sentía que la rabia o la mala baba no deberían llenar ese espacio. Por eso siempre que las emociones no la secuestraban intentaba transmutarlas en algo creativo. Escribir siempre fue el jardín secreto donde sentía que todo era posible. Todo era posible, menos quedarse a vivir allí. Vivir para siempre en donde la creatividad hace su magia. 

Lo había pensado muchas veces, ¿y si tomara algo para prolongar esa estancia? La inspiración no es un lugar, es un estado. El camino desde un estado neutro hacia la genialidad de un estado alterado cuasi- controlado. Todos buscan ese puente. Una vía hacia la inspiración y la felicidad. Sino que se lo digan a aquel bailarín, a aquel cantante o a aquel gestor de proyectos que los sentía como un hijo. El estrés de correr detrás de las musas, pretendiendo secuestrarlas y convertirlas en creadoras de contenido en serie. Mucho se le pide a la inspiración y a su grey. Quizás por eso los sapos, siempre tan cotizados, han pasado de ser comidos, a ser besados, para terminar siendo lamidos por su sudor. Extracto, que según algunos cuentan, les transporta allí, a donde la luz de neón es perpetua. El cuento cambia con el paso de los siglos y se vuelve más sofisticado y adulterado.

Esforzarnos por escuchar a nuestro cuerpo y traducir las señales, que se empeñan en decir que el camino va a ser duro, y cualquier escape fuera de la realidad se puede pagar con salirse de la carretera.  Ser realistas durante la tormenta, en vez de ponerse la venda en mitad de ella y chupar sapos. Protegerse siempre, quizás llevando el chaleco antibalas y la amabilidad de una sonrisa. Ser creativos en el trato a los demás, ser poéticos en nuestras palabras y abundante en hechos, en buenos hechos. Que la palabra 'esperanza' no se quede escuálida y muera por desnutrición. 

Así escribe Elva, como si hablara con alguien, aunque la estancia está vacía...



1 dic 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (XIII)


El Principito
 Elva camina campo a través, el atardecer enreda sus rayos entre los árboles escuálidos. La humedad marida con el sudor del esfuerzo de la ascensión. A veces tiene flashbacks del pasado, cuando giró mirando al sol, éste le trajo un recuerdo breve, tan breve que se tornó sensación. Quizás si hubiera sido más potente aquel rayo la hubiese llevado al sitio y al momento en cuestión. Se quedó con la miel en los labios, se sintió como el Principito viajando entre las estrellas, entre los mundos. 

El Principito que tuvo que irse para reconocer lo bueno que dejaba atrás, pero nadie le dijo al niño que ningún tiempo pasado fue mejor. Pues, el tiempo corre para ellos y para ti, y nunca están igual que los dejaste. La rosa, ya es rosal y se fecunda en tu ausencia sin que intervengas. Cuando vuelvas a tu reino Principito. Ella es otra y los baobabs están en multipropiedad. Llegas y tu memoria se rompe, lloras en tu planeta, ora de pena, ora de alegría. Pues, el Principito como ser noble que es, se alegra de que las cosas cambien, mejoren, muten. 

Al igual que nadie le avisa del cambio de las cosas, y la mutación de la realidad, nadie le avisó de la barba y el cuerpo atlético listo para el combate o lo que la rosa hubiera querido. El minúsculo planeta ya no le sirve de cuna. Pero entre la rosa, el cordero y los baobabs estaba completo el terreno. Se alegró, porque el Príncipe se sabía rico. Pues, había entendido que la verdadera riqueza estaba en la libertad de entrar y salir, subir y bajar, irte y volver. Ninguna cadena tenía atrapados sus pies, ningún eslabón o grillete ataba sus  manos o ahogaba su garganta. Esa libertad que muy pocos conocen, porque confunden volver al hogar con entrar a un nido de plata, decorado de créditos e hipotecas. Se los dijo, la tierra que compras espera pacientemente la madera de tu ataúd, o el palomar  que acoja tus cenizas...

Elva tropezó y se le cayó un libro, se agachó a recogerlo y le dio tiempo de ver la cola de un zorro y un trozo de túnica azul.  Suspiró, hacía rato que los notaba respirar cerca. Se puso derecha y al ver que el sol apenas estaba presente. Decidió regresar a casa pesando que el 'ahora' es más pleno de lo que creía.

26 nov 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (XII)


 Dicen que los sueños, sueños son... Que sueñan los dormidos y proyectan los despiertos. Que si crees, creas...Y mil memeces más que Elva ha creído y anotado en su cuaderno de frases memorables. Esa libreta de portada de cartón reciclado y estampado de hojas (iba a decir "print" influencia de los influencers) . Estaba pintado y dibujado como por una mano infantil, pero con la pulcritud de una meiga apuntando hechizos, o los apuntadores de memes virales. El Necronomicón de la sabiduría de Facebook, YouTube, Instagram y porque ya no le da vida con más fuentes de sapiencia online.

Se sentía harta de recibir comentarios sobre su formación y a lo que había llegado en la vida. "Ay con lo que tú estudiaste, con lo buena estudiante que tú eres. ¿Y tus compañeros de universidad ya son famosos? ¿Los ves salir en la tele? ¿Y por qué no te sacas unas oposiciones?"

En esos momentos, se sentía como la pieza perdida del puzle, la Bridget Jones de su promoción...  Claro que todos tenemos posibilidades, pero las circunstancias personales de cada uno influyen.- Se justificaba en voz baja y metía la cara en el cuaderno de oraciones, lleno de palabras mágicas.

Echaba la vista atrás, aún recordaba con estupor aquella noche, en la que trabajaba de friegaplatos de una cafetería, para pagarse la carrera y poder comer. Y la llamaron para que saliera de la cocina, se quita el delantal mojado y está húmeda, sudorosa y con los músculos tensos por el estrés del trabajo y la curiosidad. ¿Qué pasaba?  Saludos,  era una vecina con su hijo adolescente, comparten unas palabras y le preguntan a bocajarro qué carrera estaba estudiando. Elva toda ilusionada y orgullosa contesta: periodismo.

A lo que la madre mira a su polluelo y le dice: "Periodismo,  ¿y ves dónde está?" Y se fue sin más explicaciones dejando a Elva clavada en el suelo y sin saber qué había pasado. La habían usado como mal ejemplo,  la profesión que no hay que estudiar porque seremos nadie. Aspira a más ...

Maldita maldición de esa vecina - pensó Elva - pues nunca fue nadie en periodismo ni en nada parecido. La vida se puso en modo centrifugadora y no hubo manera de escalar ninguna pared. Ella imaginaba que seguía en formación. Que cualquier día su experiencia implosionaría pariendo  un nuevo perfil profesional,  un especialista en algo,  aún sin determinar. Tenía fe en sí misma, y si entre medias aparecía algún gurú de turno lo escuchaba. Lo escuchaba intentando traducir las señales del éxito. Lo escuchaba hasta que sangre líquida fluía de sus oídos. Pues, si había aprendido algo con el tiempo es que si la sangre era espesa y coagulaba, era algo malo, muy malo. 

 

13 abr 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (X)

El Gatopardo
Elva hace mucho que no duerme, toma café para espabilarse y ansiolíticos con pan para detener las taquicardias y los temblores. Todo estaba fuera de lugar, un virus con corona ha llegado al planeta y lo ha puesto todo patas arriba. ¡Maravilloso!- pensaba, pero al rato empezaba a llorar por los vivos contagiados y por los fallecidos muertos en soledad. Todo le parecía una película, una profecía cumplida de Nostradamus, o una plaga más del Apocalípsis. A los conspiracionistas ni les hacía caso, quería datos, datos. Estadísticas que se sucedían y le daban tranquilidad o un síncope dependiendo del sentido de la curva.

No tenía tiempo para soñar, estaba montando guardia en su ventana, sabía qué vecinos se pasaban el confinamiento dándose paseos con la excusa de  'los olvidados', sabía qué enamorados quedaban para 'uno rápido', sabía qué vecina preparaba ensaladilla rusa para otra que se había puesto mala. Sabía qué chavales ayudaban a los mayores cargando agua o fruta. Sabía qué policía volvía de madrugada y se levantaba al alba para desinfectar el coche. Conocía a la panadera que encendía el horno a la misma hora. Conocía el código de las persianas - abiertas todo bien. Cerrada muchos días, tocar a ver qué pasa con esa persona y amiga, primeras propietarias del bloque.

Elva observaba a los abuelos, hijos y nietos. Observaba cómo algunos se volcaban en los cuidados y no tenían vida personal, mientras otros esgrimen el comentario de: "Cuidarlo, fue tu decisión". Y, ¿qué se contesta? ¿Qué se dice cuando lo de escurrir el bulto está normalizado? Elva se encendía, se indignaba. Llevaba todo el confinamiento enfadada con el mundo. Esta pandemia nos hará mejores personas, pero con el ligero mátiz de: "Será el que quiera, ¿no?". Elva rabiaba al recordar la frase del Gatopardismo: «Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie» de Giuseppe Tomasi di Lampedusa .

Todo está cambiando, pero que no siga igual, que se renueven las estructuras de pensamiento y de las instituciones, y los modelos insostenibles.  Elva se lo repetía sin cesar: No volvamos a lo mismo, aprovechemos para mejorar - Esto último lo dijo en voz alta, como si alguien pudiera escucharla en su solitario piso de cuarentona invisible. Lo repitió como un mantra. Al hacerlo se le normalizó la respiración, el corazón ya latía acompasado, los temblores de la ansiedad, el miedo y la incertidumbre dejaron paso al pulso firme del cirujano apunto de operar.  Muchas capacidades aún sin desarrollar y mucho por hacer, campo fértil convertido en almohada. Pues, la salud se esconde en los sueños y en despertar lúcida para continuar con su solitaria crónica hasta que todo acabe. Iría al gimnasio, se haría unas oposiciones.... Pero, si no es año nuevo con sus propósitos y deseos... Es una nueva oportunidad de caminar diferente, de reflexionar, de trascender.....Zzzzzzzzzzzz

8 mar 2020

Minirrelato: El sueño de Elva (IX)

8 de marzo
Ella Fitzgerald sueña cantando que canta en el cuarto de Elva, canta por aquellas que no superaron el miedo y las barreras entre sus sueños y la realidad. Las buenas malas normas para ser mujer buena y obediente. Mujer que debía vivir con el aparentar, porque el ser no importaba. Eras la hija de..., la esposa de..., la mujer de..., la amante de ... Pero no eras.

Bravo por las que cantaron, bailaron y estudiaron, mirando de frente a los hombres sin tener que usar las mal entendidas armas de mujer. Billie Holliday acompaña la cadena, se acuerda de aquellas que murieron sin vivir, las que sufrieron la confusión de la caricia y el bofetón. Se acuerda de aquellas que son mutiladas para que su sexualidad se más fea y desagradable, con la excusa de que es para su protección. Billie canta por aquellas que son obligadas a casarse cuando aún sueñan con unicornios con hombres viejos que nunca conocieron el respeto a la infancia y a la mujer.

Nina Simone se presenta y habla en nombre de las mujeres en territorio bélico usando la violación como arma de guerra, si destrozas a una mujer destrozas el futuro de esa nación. Canta Nina más alto y no te calles, sigue denunciando.

Sarah Vaughan afina mientras defiende al respeto a las decisiones que la mujer decida realizar sobre su cuerpo: más ropa, menos ropa, ir sola a los límites del universo sin temer ser asaltada, nunca se ofreció ni estaba en mal lugar.

Abby Lincoln habla del respeto y solidaridad entre mujeres, esa sororidad que junto al empoderamiento, están de moda y sonríe porque le han puesto purpurina a algo que ya se hacía en la sombra. Abby manda un beso que se confunde entre el humo del salón, se acuerda de las chamanas, de las yerberas, de las parteras, de las esteleras, de costureras, de las cocineras, de las maestras, de las cuidadoras, científicas, de todas las que bailaron de puntillas a medianoche para no molestar, a las que escribían es cuadernos ocultos, y a aquellas se disfrazaron de hombres para avanzar.

Pronto se unen The Cordettes, cantando para que te despiertes y te quites las legañas de arena, animándote a imaginar, proyectar y correr hacia lo que te hace crecer. Sin rencores, pero sin olvido. Hay mucho que sanar y corregir, hay mucho que autocurar y dejar de lamerse las heridas. Hermanas todas en la construcción de la imagen de la mujer que abrirán puertas y allanarán el camino de las nuevas generaciones. Mujeres que ya no parirán patriarcado, matriarcado, ni ofrecerán al mercado modelos obsoletos y caducos. La palabra alma es más completa en su abstracción que mil etiquetas mal puestas. Ninguna virtud queda mal puesta, ningún adorno superficial la hará brillar más que sentirse realizada y en el camino que ella a elegido.

Elva las escucha a todas presentar su discurso con ritmo y empezó a cantar como ellas una letra que aún estaba por escribir pero que conocía perfectamente...