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Artículo 20 de la Constitución Española de 1978. Se reconocen y protegen los derechos: A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

"Quien teme expresar lo que piensa, acaba no pensando aquello que no puede decir". Manuel Arias

En Construcción

En este cajón de sastre vuelco mis dos pasiones: la Literatura y el Periodismo. Se encuentran pero no se mezclan.

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9 abr. 2013

La sombrilla: ¿Qué pasaría si me quejara?

Me suelen regañar porque hablo mucho. Dicen que doy demasiados detalles. Que contextualizo innecesariamente. No recuerdo cuando empecé con este síndrome verborréico. Si fue a raíz de empezar a estudiar Periodismo, o ya venía así de casa. A estas alturas no sabría distinguirlo, ni recordarlo.

Lo que si sé es que después de un par de cafés voy de sobrada, lo admito. Aunque me esfuerce en disimularlo. La agilidad mental que da la cafeína ha hecho de mis neuronas unas adictas. A pesar de que me explaye hasta el infinito, siempre me queda la sensación hueca del olvido y el tintero a medias. 

La eterna desazón por hacer alguna aclaración más: para agilizar una conversación, endulzar una disculpa, o simplemente no dejar que el silencio de pie a segundas interpretaciones malintencionadas. Esas que el dicho popular insiste: "Piensa mal y acertarás". Y "como el que calla otorga" el silencio siempre apoya la moción.

O hablas y te desahogas en un 'quejío' o te callas y el silencio que conteste por ti. Ésa es la cuestión.

Actualmente, está de moda quejarse. Todos tenemos derecho a quejarnos, para eso existen las hojas de reclamaciones. Aunque, en la vida para muchas situaciones no hay ningún departamento de atención al cliente para la queja crónica. Por suerte, un blog-diario puede servir para eso. Personalmente, se lo recomiendo a todas mis amistades, porque a veces te cansas de ti mismo, de tu propia voz interior quejosa, de mostrarla a los demás o de aguantar a las ajenas.

Siempre recordaré una anécdota que viví en el autobús. Dos señoras iban sentadas delante de mí e iban conversando:

-Ay, María. ¡Qué mal año llevamos! He tenido que ingresar a mi marido en el hospital tres veces por un amago de infarto.
-Ahhh, pero ¡eso no es nada! Al mío le ha dado un ictus, tiene la tensión alta y es diabético.
- Pues, no sé. Pero, el mío me está dando muy malas noches y hoy lo he visto muy amarillento.

El diálogo de las mujeres siguió un rato y ya me tenían de los nervios. Me dieron ganas de gritarles: ¿Pero, qué pasa? ¿La que entierre al marido gana? La pena es que me callé y las dejé cavando la fosa marital.

Resumiendo, que tú escribes, de manera autómatica, libre... El que quiera lo lee y el que no que haga zapping. Escribir, es muy bueno para liberar tensiones, incluso sexuales añaden algunos. Tanto como atiborrarse de chocolate. Si alguien quiere comentar ésto último o contradecirlo, que se pronuncie por favor. O deja tu queja en un comentario.


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