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En este cajón de sastre vuelco mis dos pasiones: la Literatura y el Periodismo. Se encuentran pero no se mezclan.

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9 may. 2011

Minirrelato: Historias de gatos (V)

Había una vez un gato que no recordaba que era gato. Este gato era muy sociable y le gustaba alternar con todos los animales. Además, se adaptaba tan bien que el dicho popular: "Allí donde fueres, haz lo que vieres" era para él un estilo de vida. Tenía amigos de todas las clases: pavos reales, perros, loros, búhos. Con todos se sentía a gusto. Los aceptaba tal y como eran. Era feliz disfrutando de su compañía.

Así hizo su vida el gatuno amigo de sus amigos, hasta que un día empezaron a decirle: "Con quien te veo te comparo". Y eso, ¿qué quiere decir?- les preguntaba el gato. Que si estás con un zorro, se te tratará como a un zorro. Si estás con pavo real se te tratará como un pavo real - le contestó un grillo que pasaba por allí.

El felino no entendía porqué el amigo grillo le hacía este comentario, pues él era un gato, se sentía como un gato y se comportaba como un gato. Aunque le gustara tener amigos en todos los puertos, ¿tan difícil era de entender?- se preguntaba así mismo.

El amigo de sus amigos, como le gustaba definirse. Solía recordar la frase que le había dicho el grillo, y desde ese día empezó a auto-observarse. Se dió cuenta de que cuando estaba con los perros, husmeaba como los perros. Cuando estaba con los pavos reales, se pavoneaba estirando la cola y acicalándose delicadamente. Así con todos. Al reparar en esos detalles se asustó: ¿Qué estoy haciendo? Los estoy imitando sin darme cuenta, a lo mejor por eso el resto de gatos me miran con recelo. Es posible que por eso me digan que no les intereso. Porque no me pueden encasillar, ¿no soy de fiar, no soy confiable?

Estas y otras preguntas se formulaba así mismo, pero las respuestas eran cada vez más negativas, más oscuras. Pues, cuando no hay respuestas del exterior, el eco interno se las inventa. El gato pensante se perdió en sus divagaciones y tan perdido estaba que se olvidó de sí mismo, y de realizar aquello que le gustaba. Poco a poco, llegó a sentirse invisible, empezó a desaparecer. Deambulaba sólo y sin rumbo, apático y su curiosidad estaba bajo mínimos.

Una mañana, dando un solitario paseo encontró un espejo, al principio pensó que era otro gato. No lo saludó aunque lo miró fijamente. El otro, también lo miró en silencio y tampoco lo saludó. ¡Qué descortesía, qué compañero mas mal educado!- pensó. Pues, yo no soy así - y haciendo una elegante reverencia saludó a la imagen en el espejo que este reprodujo fielmente. Al ver que su reflejo le correspondía en atenciones, se alegró al recordar que las costumbres sencillas, también les valen a los gatos, sin dejar de ser gatos.

Este pensamiento le hizo sonreír, y su reflejo también sonrió. Esa sonrisa tornó su mañana gris y aburrida, en una mañana interesante para compartirla con los demás. Así que se despidió de su nuevo amigo llamado Reflejos, y se fue a buscar a sus otros amigos los pavos, los pollos, los perros, los zorros, los lobos, los búhos y disfrutar de su compañía.

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