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En este cajón de sastre vuelco mis dos pasiones: la Literatura y el Periodismo. Se encuentran pero no se mezclan.

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25 dic. 2012

Minirrelato: La habitación

Era pequeña y blanca, con el suelo de plaqueta gris salpicado de negro. Apenas había sitio para una litera de madera oscura, sin otros adornos que algunos dibujos infantiles y una ventana  con vista a una pared.

La ventana tenía puesta una tela metálica o rejilla, para que no entrasen los bichos, muchos y variados que compartían casa con la familia. Esta medida de seguridad era poco efectiva contra las cucarachas, que entraban reptando por debajo de la puerta. Intentando hacer su particular conquista del suelo, muy a pesar de sus habitantes.

Lo repugnante no es que entraran y se escondieran bajo la cama, sino que estos bichos sabían volar y siempre iban a por ti. Olían el miedo. Volaban para enredarse en el pelo o a engancharse en el camisón.

Capítulo aparte eran los ratones, esos seres pequeños, peludos y sucios que iban dejando su característico olor allí donde estuvieran, marcando su territorio. Amén de roer lo que encontrasen sin discriminación alguna. Costumbre ésta que suscitaba mil historias. Tales como que las ratas mordisqueaban a la gente mientras dormían sin que estas apenas se dieran cuenta. Siendo éste un 'reconfortante' pensamiento para la hora de irse a la cama.

Pero este mal se podía evitar,  procurando tener la puerta cerrada y poniendo especial atención en que no entrasen al par tuyo. La habitación, además, de pequeña y blanca y parecerse al Arca de Noé, tenía otros atractivos. Tales como que cuando llovía calaba la humedad de manera que empezaba a crecer en el techo y pared abajo, un moho negro tan abundante y espeso que parecía una pared peluda.

Otra característica de la estancia, era que cuando se atascaba el fregadero de la cocina, las cañerías, desprendían un nauseabundo olor. Este aroma encontraba asilo en la pequeña habitación. Huésped inoportuno que solía refugiarse también los días de lluvia.

En tan confortable lugar se cuidaban todos los detalles, entre ellos el ruido. La habitación limitaba con el salón de otra vivienda que pecaba de poco silenciosa. A las dos de la madrugada, se escuchaban balonazos contra la pared, parecía un segundero maldito. Además, tenían un perro atado con una pesada cadena que el animal arrastraba lastimeramente. Y ni qué decir tienen de las consabidas disputas conyugales, siempre tan amenas y educativas.

En ese entorno tan agradable y pacífico, salubre y concienciado con el medioambiente hacía de marco incomparable, para que la imaginación dos niñas convirtieran una litera en un inexpugnable castillo o una ajardinada mansión... Pero eso es otra historia.


YSH.2004

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