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27 oct 2012

Minirrelato: El 'síndrome del oso hormiguero'

Esto es un señor que llega a la consulta del médico y le pregunta:

- Buenos días señor médico, que vengo a pedirle su opinión sobre la crisis. ¿Por qué cree usted que no se soluciona esto ya?
- Porque faltan recursos humanos, hay demasiados 'osos hormigueros'.
- Pero, ¿qué dice éste? ¿Osos hormigueros? ¿Y eso, por qué? Explíquese bien, hombre.
- Sí, el 'Síndrome del oso hormiguero' lo padecen el conjunto de personas que solo quieren ejercer de 'asesores'. Esta especie tiene la 'lengua muy larga' y las manos 'muy cortas'. 
Estos individuos son fáciles de reconocer, porque son los que te dan la 'charla', de cómo se coge un martillo para picar piedra, mientras sus manos se han quedado 'atrofiadas' de no usarlas.

10 oct 2012

Minirreflexiones: La sabiduría del perro viejo

Todos los días aprendo algo... A la cafetería suele venir un proveedor que nos trae el embutido. En dos años que llevo trabajando suele venir casi todos los días. En esos dos años le he escuchado muchas veces la frase: "Yeiza, soy perro viejo. Y más sabe el diablo por viejo que por diablo". 

Además de la cuña publicitaria el hombre aprovecha y cuenta alguna batallita:  que si sus niños ya son hombres, que si la vida es muy difícil, que si no hay que fiarse de nadie, que si las mujeres han avanzado mucho, pero no han aprendido a dialogar. Todo esto sin dejarme meter baza, porque claro, cuando se pone en plan divulgativo cualquiera dice algo.

En fin, que llevamos tiempo quejándonos de que la calidad de sus productos ha empeorado, pero él ni se inmuta. Así, que buscando materia prima a mejores precios. Poco a poco, sus ventas han bajado tanto que hoy viene y nos pregunta si hay algún problema con él. 

Pues, la verdad es que si supiera escuchar le diría que: En estos momentos no se puede ser mediocre, hay que ofrecer la mejor calidad a precios competitivos. El paladar de la clientela no entiende de subidas del IVA. El cliente que se gasta lo poco que tiene en un bocadillo espera que el jamón no le sepa a crisis.

Conclusión: La vejez, o la experiencia acumulada, no tiene nada que ver con la sabiduría. Y menos aún si quien se cree un experto padece de sordera social.


9 ago 2012

La sombrilla, reflexiones de verano: Culos de botella

Llegó agosto. El mes del fuego y los leones. Mes de las ferias por antonomasia. A ritmo de sevillana y  de Pitbull, caen botellas y botellas espirituosas de mil colores . Este es un buen verano para los mirones. Todas las niñas, y las no tan niñas, se han sumado a la moda del culotte, enseñando culo gratis. Dicen que los ojos son críos, así que para subir la moral de la tropa en tiempo de crisis nada mejor que el culto a la nalga.

Este no es un verano cualquiera, no hay serpientes de verano, todo es importante. Aunque, el suelo está resbaladizo, sino que se lo digan a los funcionarios fijos que ya escuchan los tambores de los ERES retumbando en el horizonte.

Hablo mucho con la gente, pero todos - al menos en mi entorno - están tristes, nadie hace planes de futuro a largo plazo. No se sabe hasta que profundidad seguirá cavando la pala de la recesión económica. El otro día una de las cocineras que viene como extra los fines de semana me decía: "Mi marido trabajaba en la construcción, y ya lleva tres años parado. Aunque esto termine, ¿quién lo va a contratar con 50 años? Esta crisis va a dejar daños difíciles de arreglar. Ya me veo con el bastón en la mano corriendo por la cocina desde el fregadero hasta  la plancha".

Málaga es compleja, pero se distinguen perfectamente dos estratos sociales, los pobres sin ilusión en el futuro. Y los ricos, a los que el futuro se las trae al pairo, porque su presente es excelente. La falta de liquidez a fin de mes se entrecruza con los escaparates llenos de relojes a 360 euros. Los peces del Muelle Uno se esconden bajo los yates, mientras los dueños rubios y tostados por el sol, miran a través de sus gafas oscuras a los que pasean mirándolos con envidia.

No sufras malagueño, siempre nos quedarán los paseos a 8 euros en los barcos de alquiler, para ver la ciudad desde lejos. Aunque, la pobre, tiene el fondo turbio y no se ven los peces en alta mar. La visión de una Málaga escoltada por las tres torres, es impresionante. Los restos de una ciudad industrial, que ya no tiene industria, y se ha especializado en el servir. Bares, restaurantes, heladerías, confiterías.... Lo viejo y lo nuevo conviven, quizás como símbolo de que todo pasa. Como los amores caducos, hasta el jeque le ha pedido el divorcio...

Este es el tercer verano que trabajo en la cocina y si el primero fue el "verano del solomillo",  y el segundo fue el del "bocadillo", éste ya es el del "chupito". ¿Cambio de hábitos en la dieta mediterránea? Bueno, por lo menos a la botella se le ve el fondo.

16 jun 2012

La sombrilla, reflexiones: La niña de Rajoy es costurera

Soy de la generación Disney, esa que nos vendía la moto de que si una damisela en apuros gritaba pidiendo ayuda. Al escucharla venía un apuesto príncipe que se crecía ante la adversidad y la rescataba. La situación crítica se solucionaba, se restablecía la paz y la felicidad inundaba el mundo entero con música de violines y el eco de los besos.

Aunque la programación infantil haya dejado su huella impresa en nuestra memoria histórica, el paso del tiempo rompe las construcciones o representaciones de la realidad fruto de la imaginación de otros. Ahora, la versión que nos ofrecen los medios es la de una España-damisela endeudada hasta los ojos, mal mirada en Europa y apestada por los activos tóxicos. Una España donde la palabra "rescate" hace que se nos haga un nudo en la garganta, porque no la rescatan a ella sino a los bancos.

España se siente segundona. Ella que con sus aires de grandeza dedicó sus desvelos y concentración de recursos al vil barro. Las construcciones de ladrillo pagadas con el sudor de la frente se transforman a pasos agigantados en nichos de lujo. "Polvo eres y en polvo te convertirás".  Pero no te preocupes, mi querida España, los pisos-nicho cuentan con todas las comodidades para que en la estancia no te sientas como un muerto-vivo.

Las torres de  pisos-colmena o los latifundios convertidos en huertos de chalets donde los nuevos ricos podían hacer barbacoas mientras sus niños jugaban al pádel, o tragaban cloro en la piscina unifamiliar. Todo eso era para que no sintieras que con tu sangre nutrías la hipoteca que heredarán los hijos de tus hijos.  España llora porque no quiere ser Españistán.

España llora porque no puede estudiar, porque algún día, fue esa niña a la que su padre contaba cuentos imaginando su futuro: "Quiero que (la niña) sea un heraldo de la libertad, de la tolerancia y de los derechos humanos, porque habrá crecido en libertad, y no tendrá miedo a las ideas de los demás, y habrá aprendido a respetar a todos los que respetan la ley. Quiero que sienta un hondo orgullo por ser española, por pertenecer a esa nación tan vieja, tan admirable que le habrá ofrecido las mejores oportunidades, pero que habrá sabido ser exigente con ella para convertirla en una mujer madura y responsable". (Extracto del primer discurso de Rajoy en 1993).

España llora, porque ya no es ninguna niña y es consciente de sus errores. España sangra, pero no puede ir a urgencias porque el copago y los recortes hacen de las heridas un artículo de lujo. España llora porque estudiar es una aventura solo apta para grandes bolsillos. España llora porque no quieren que la rescaten Mefistófoles vestidos de falsos héroes, los hombres de negro. España no quiere cuentos. Necesita soluciones, no tijeras que destrocen el futuro de las nuevas generaciones.

La niña dulce de los cuentos se transforma en la chica de la curva. Las bestias no se convierten en príncipes encantadores, sino en sapos pestilentes. El eco de los tijeretazos suenan, mientras de fondo una voz infantil canta con inocencia: "La niña de Rajoy es costurera, porque nos recorta el médico y la escuela".


10 abr 2012

La sombrilla, reflexiones: El bocadillo de los pobres


Una de estas madrugadas al llegar a casa después del trabajo encendí la tele. Este gesto tan sencillo es un ejercicio de alto riesgo para la salud mental. No lo digo a la ligera. Si de día ya es complicado hacer zapping, de noche es horroso. A esas horas para encontrar algo que valga la pena en la parrilla televisiva, en vez de un mando a distancia hace falta un machete bien afilado. Tener sangre fría y al estilo de la rubia de Kill Bill ir sorteando a los videntes, los tarotistas,  los canales porno o los inverosímiles y absurdos concursos telefónicos.

Entre lo medianamente comestible, están los refritos de teleseries o documentales de asesinos en serie, psicópatas violadores o las aventuras y desventuras de las comunidades de vecinos. Cuando ya había perdido la esperanza y me disponía a apagar el diabólico aparatejo encontré una película antigua . ¡Por fin, algo de luz en blanco y negro! Esplendor en la hierba (1961, Elia Kazan). La historia es la variante de Romeo y Julieta a la americana durante la Gran Depresión. La crisis del 29, cuando la caída de la bolsa arruinó a muchos que acabaron suicidándose.

Para ser más exactos, la secuencia de la película que me impactó es cuando el padre lleva a su hijo a un cabaret para intentar convencerlo de que vuelva a la universidad y retome unos estudios que al chico ni le interesan ni le gustan. La sala está llena de gente guapa, el humo del puro de los hombres llena el ambiente. La luz cegadora del brillo de las joyas ilumina la belleza de las mujeres. Mientras, padre e hijo dialogan en una mesa, son interrumpidos por la presentadora del espectáculo que hace la siguiente entradilla: "Veo que a los aquí presentes no les ha afectado las pérdidas en Wall Street, pues yo esta mañana he tenido que sortear a los que se tiraban de los edificios, pero bueno no vamos a frivolizar". (Risas  y comienza la danza de las chicas de rojo bailando el can can) ¡Sorteando cadáveres, como si fueran una lluvia incómoda! La vida y sus placeres siguen, aunque los chuzos de punta sean muertos.

Estamos en crisis, y una frase que he escuchado hasta la saciedad es: "¿Pero qué crisis es ésta,  si están los restaurantes y los centros comerciales llenos?". Pues, mire usted, es cierto que las viejas costumbres adquiridas del recién descubierto estado de bienestar (que poco nos ha durado) y la sensación de sentirnos nuevos ricos, hace que ni en momentos de precariedad económica nos quitemos de los pequeños placeres. Aunque haya que comer de bocadillos, al centro comercial se va a lucir palmito.

Termina la película, me paso al canal de información 24Horas de TVE. Veo las noticias económicas, pero claro, yo tampoco quiero frivolizar.

24 oct 2010

La sombrilla, reflexiones: Cuatro historias, cuatro.

Ayer estuve en Málaga centro, no en un lugar concreto, sino en todas sus calles. Las ciudades hablan y cuentan historias, sólo hay que ver y escuchar. Es como visitar a una vieja amiga y compartir sus confidencias.

Mientras esperaba el autobús, en la estación de La Alameda Principal, se acerca un hombre bien vestido y formas correctas, mochila al hombro pero con la naríz llena arañazos, pide algunos céntimos para subir al autobús. Recibe lo que solicita y continúa su camino.

A los pocos minutos, pasa un amigo me saluda y me dice que ya no está trabajando. Es cabeza de familia con tres niños, y hasta ahora, último empleado de una empresa vasca con sede en la provincia malagueña. Me lo cuenta sin dramatismos, casi con alivio. Su tono de voz denota cansancio pero resignación por haber resistido hasta el final. Él ha sido el último soldado defendiendo el fuerte y tiene la expresión tranquila del que ha cumplido con su deber, ahora tiene otras batallas entre manos. Intercambiamos algunas frases de cortesía y sin más camina sin mirar atrás.

El autobús se retrasa, los sábados la frecuencia disminuye y aumenta el tiempo de espera. Entre tanto, aparece otro conocido - qué concurrida está la ciudad hoy- y me cuenta que el hotel donde trabajaba en Torremolinos cerró y su próximo destino es la oficina del INEM. Respiro hondo y le miro en silencio un instante. ¡Vaya!- contesto, pero, no sé qué más añadir. Pronto, la conversación cambia de derrotero y también se va.

Yo continúo esperando, miro el reloj, aún faltan unos minutos para que el 'bendito' autobús llegue de una buena vez. Intento ocupar el tiempo y saco un libro del bolso, me dispongo a abrirlo. Entre tanto, se acerca un anciano cargado de bolsas: moreno, de pelo cano, piel surcada de arrugas y sin dentadura. Me mira un instante, titubea pero pronto se decide a hablar: "Joven, le voy a pedir por favor... que me pague el billete de autobús".

Aaaaah, pero, ¿qué pasa hoy?- pienso y le respondo- que él era el segundo de la mañana en pedir para el autobús. Él, rápido en reflejos como un soberbio espadachín no me deja terminar y contesta: "Sí, ya sé que somos muchos pero no pido dinero, sólo el pago del billete. Sólo soy un prejubilado al que no termina de llegarle la pensión." Bueno, vale, no se preocupe, cuente con el billete- le respondí.


Al instante sonríe y en pago a la buena acción me abre de par en par la puerta de su vida mostrando su interior: "Tengo 65 años, he sido camarero toda mi vida. Pero, con mi edad ya no me contratan en ningún lado, incluso tengo una dentadura buena para trabajar - añade- aunque ahora no la lleve puesta. En los sitios de postín hay que tener buena presencia. Además, tengo fotos con el Rey durante la Exposición de Sevilla del 92. Pero, la vida da muchas vueltas. Ahora me busco la vida como puedo. Y no vivo mal del todo, vivo bien. Tengo para comer pero no para vicios. Los viernes me voy al edificio negro a recoger colillas, me paso toda la mañana pero gracias eso tengo tabaco para liar durante la semana. Me encanta leer el periódico, lo recojo allí - señalando unas cafeterías justo enfrente de la parada- los tiran casi intactos y son del día - abre una de las bolsas y me muestra ejemplares de El País, El Mundo y ABC- ahora, llego a la casa me preparo un café y me los leo. Luego, la cena y a la cama escuchando la radio".

La narración se interrumpe, llega el autobús, nos subimos y el abuelo parece que cree conveniente sentarse a mi lado acompañándome durante el viaje. Así que continúa el relato retrospectivo de una vida vista desde la cima de la madurez hasta llegar a su destino, cinco paradas después, donde se despide con un 'gracias' y una sonrisa.

Cuatro historias, cuatro. Cuatro vidas diferentes con una característica común: "sobrevivir en tiempos de crisis". Cuatro instantáneas tomadas en una mañana, sin profundizar, simplemente la mirada pequeña y lejana desde la mirilla.